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PARÍS, Francia, 10/03/2012.
En el 50º aniversario del Concilio Vaticano II, y en el contexto del Centenario de la Institución Teresiana, Loreto Ballester, directora general de la misma, se hace eco de la llamada a la santidad que hiciera la Iglesia en aquel definitivo acontecimiento, “podemos hablar hoy de santidad  con todos y en concreto con los jóvenes”, expresó al hacerse presente a través de un mensaje, al iniciarse la fase diocesana de la Causa de Beatificación y Canonización de Elisa Giambelluca, en Roma.

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Elisa Giambelluca

Desde París, el día 25 de febrero pasado, Loreto Ballester, ha enviado una comunicación con motivo de haberse celebrado en Roma, el inicio de la fase diocesana en esa ciudad, de la Causa de Beatificación y Canonización de Elisa Giambelluca, una vez concluída la fase diocesana iniciada el 29 de marzo de 2009 en Isnello (Sicilia) donde nació.

El acto de inicio de la fase romana, se realizó en la Congregación para las Causas de los Santos, el pasado 16 de enero, con la entrega de las cajas que contienen el material del proceso diocesano. La documentación ha sido depositada en la Congregación para la Causa de los Santos y recibida por el Secretario Monseñor Bartolucci y por el responsable de la Oficina Monseñor Pappalardo. Estuvieron presentes la secretaria general de la Institución Teresiana, Marisábel Tellería, la directora en Italia, Marina Bressan, la postuladora Mª Encarnación González, Arantxa Aguado, ex directora general y otros miembros de la asociación.

Loreto Ballester
Loreto Ballester

En su comunicación, la directora general de la I.T. expresó:

“En primer lugar deseo señalar que para la comunidad de creyentes, así como para la sociedad, es importante reconocer, hacer memoria, de personas que han dejado una huella capaz de inspirar la vida de otros. Así ha sucedido con Elisa Giambelluca, en quienes han sido compañeras de trabajo en la educación pública en Italia, o se han formado como educadores en el Istituto Magistrale (Rossano) que ella dirigió, promoviendo una intensa y significativa renovación pedagógica cuyos frutos permanecen. También en quienes aprendieron de Elisa el rostro cotidiano de la santidad, que ella ha mostrado en un modo de relación educadora con cada estudiante que les hacía sentirse únicos, en la atención y cuidado a su familia y en hechos de la vida cotidiana, como la visita diaria a una familia con necesidades materiales graves, entregando su persona al tiempo que la ayuda posible, con el cansancio de días intensos y difíciles”.

Loreto Ballester, señala que este acontecimiento tiene lugar al hacer memoria del Concilio Vaticano II, donde se hace una llamada espacial a la santidad:

“Queremos hacer nuevo su mensaje que nos invita a reconocernos pueblo que peregrina, humanidad con dolores y gozos, cuyo porvenir «está en manos de quienes sepan dar a las generaciones venideras razones para vivir y razones para esperar» (Gaudium et Spes 31). Y a ese pueblo quiere darnos de nuevo la convicción profunda de que la santidad es para todos, lo que quiere decir para cada uno, sin exclusión, porque es fruto de un Dios que al entregarse nos la hace posible. Renovamos la convicción de que “el solo Santo”, amó a la Iglesia [..], la unió a sí mismo [...] y la enriqueció [..] Por eso, todos [...] son llamados a la santidad» (Lumen Gentium 39).

La directora general agrega,

“que la santidad toma, en todas las culturas, en todas las religiones, los rasgos de mayor humanidad de los que es capaz cada persona y cada grupo humano.

Así es, en cada sociedad, cultura y religión, hay muchas personas que con convicción y responsabilidad han desarrollado la necesidad de plenitud que hay en lo más profundo de la existencia. Pensadores de todos los tiempos, filósofos, poetas, teólogos, han expresado de modos diversos qué acontece en la persona humana y en los grupos humanos cuando se despliegan, respondiendo a esa capacidad de plenitud que está en lo profundo de su ser. En algunas personas este despliegue alcanza una intensidad y un grado de cercanía a la vida de otros, que activa en ellos la misma experiencia, atrae, acompaña.

Lo santo en diversas religiones hace referencia a la proximidad a Dios. En la fe cristiana, es Dios quien ha elegido la proximidad, quien se ha querido hacer cercano hasta el punto de compartir en Cristo nuestra humanidad con sus gozos y sufrimientos. El Santo se hace cercano a nosotros, su experiencia entra en la vida cotidiana y podemos reconocer más fácilmente en el Hijo a qué plenitud somos invitados, qué plenitud nos quiere regalar, de qué plenitud se trata y cuál es el camino. El mismo es el camino”.

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Asistentes al acto, con los bloques de documentos
junto a S.E. Mons. Bartolucci, Secretario general de
la Congregación para la Causa de los Santos

También, Loreto Ballester, ha planteado la pregunta sobre, ¿qué palabra tiene Elisa desde esta perspectiva?, y ha querido responder diciendo:

En ella podemos reconocer esta doble experiencia que marca su vida: amar la vida y amar al Cristo que se le entrega. Elisa vive la pasión la pasión por su Dios y la pasión por la humanidad. Ama la vida con pasión, desarrolla la riqueza de su ser para los demás, asume el dolor y la oscuridad de la enfermedad que día a día la hace menguar. Todo ello en la aventura de dejarse llenar por el Cristo que se le entrega, le ama, le enseña, le hace saber que su vida está ligada a la de otras muchas personas que ella reconocerá puestas por Dios en su camino. Por ello su vida es alegre, atrae, tiene el secreto de la santidad que expresa de distintos modos, como en esta afirmación decidida “Prometo hacer todo lo posible para ser santa… una santidad sin ruidos pero verdadera y fecunda para la Iglesia…”.

En este siglo XXI, en este tiempo que Benedicto XVI ha calificado de “emergencia educativa”, a los que creemos en la potencialidad de la educación y la cultura, nos preocupan las situaciones de exclusión, de injusticia, de falta de afecto, de carencia de bienes espirituales, situaciones todas ellas que hacen muy difícil desarrollar la potencialidad del ser humano, percibir la presencia de Dios en la historia concreta. Elisa, con su vida, como “una di noi”, “una de nosotros” - asi ha sido calificada en una de sus biografías - muestra que es posible “poner a Dios en el corazón” expresión de Pedro Poveda, es posible encontrarle en el propio, ser instrumentos de que otros le encuentren, traerle al corazón de la sociedad.

También se ha interrogado: ¿Por qué considera especialmente significativo que este hecho tenga lugar en el Centenario de la Institución Teresiana? Y compartido su reflexión:

La Institución Teresiana, próxima a iniciar el segundo Centenario renueva el compromiso de vivir al encuentro de las necesidades y esperanzas de los hombres y mujeres de nuestro tiempo para anunciar el Evangelio de Cristo como fuerza de libertad y mensaje de liberación, Buena Nueva sobre la dignidad de toda persona humana. Quiere centrar la mirada en Cristo que da a la humanidad su auténtico valor, quiere vivir y compartir el mensaje de San Pedro Poveda cuando propone “estudiar, conocer, amar a Cristo” porque “¿Qué sucede a una persona que trata o vive mucho tiempo con otra? Pues que insensiblemente copia sus gestos, modales, porte […] que si la ama, llega a sentir, pensar y amar lo que ella, porque el amor pide semejanza entre los que se aman” (1926).

Santidad es cercanía y seguimiento de Cristo y como El, cercanía, entrega a la humanidad, cada uno y como pueblo, como Iglesia. Es motivo de alegría y de mayor responsabilidad celebrar con los cien años de vida, la santidad reconocida por la Iglesia en Pedro Poveda, agradecer en la mártir Victoria Díez en su vida de educadora y en la entrega final los signos de la santidad, reconocer los signos de la acción del Espíritu en Josefa Segovia, y ahora en Elisa Giambelluca”.

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Documentos contenidos en la caja

Finalmente, Loreto Ballester, ha planteado: ¿Se puede hablar hoy con los jóvenes de la santidad?... Y ofrece su pensamiento:

“Podemos hablar, referida a la experiencia de una potencialidad que necesita desplegarse, lograr aquello que responde a las necesidades más profundas, ayudando a la consciencia de aquellas situaciones o condiciones de vida que aprisionan esta potencialidad o la dirigen por caminos que no son de plenitud, y favoreciendo los procesos de crecimiento en las distintas dimensiones de la persona.

Podemos hablar en referencia a personas que han dejado huella en la vida personal y han modificado el curso de la historia en nuestros pueblos. Podemos reconocer qué les hace inconfundibles calificación que da Pedro Poveda a los hombres de Dios y las mujeres de Dios, conciencia que toma mayor fuerza cuando no llega solamente de personas aisladas, sino que forma parte de un ambiente, de las familias, de las experiencias educativas, del compromiso con la justicia, que nace de quienes al modo de los cristianos de los comienzos de la Iglesia muestran con nitidez quién es el Cristo en el que creen y ofrecen en la oración, en el compartir los bienes, en el servicio y el anuncio, caminos para conocerle mejor y comprometer la vida con El.

Los jóvenes saben reconocer qué son los signos de la vida de aquellos que desde distintas culturas y religiones están próximos al “Santo”. Recuerdo haberlo vivido en Pune (India) en un encuentro con estudiantes de varias religiones al comentar la invitación de Juan Pablo II : “No temáis ser los santos del nuevo milenio” y en estos días con un grupo de estudiantes universitarias de diversas culturas y religiones en el “Foyer Le Dôme” de esta ciudad. Los jóvenes tienen una gran capacidad de percibir la autenticidad en la vida de la fe en Cristo que queremos comunicar. Por ello, nos mantienen despiertos y se lo agradecemos”.

Info. I.T.
Mensaje de Loreto Ballester, directora general de la Institución Teresiana, desde París, escrito el 25 de febrero de 2012

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