Restringido / Restricted

MALABO, Guinea Ecuatorial.
Jóvenes de la Institución Teresiana de Guinea Ecuatorial han realizado una experiencia de voluntariado en el barrio de Campo Yaoundé de Malabo y en el poblado de Moeri. Las acciones tuvieron lugar en durante el mes de julio pasado.

Aprendo y me divierto ha sido el lema que reunió a los jóvenes. “El voluntariado es una forma de participación social que ayuda a crear una sociedad más humana donde la prioridad sean las personas”, expresó Silvia Mope al inicio de la experiencia. “Por eso estos jóvenes voluntarios del MJIT (movimiento juvenil de la I.T.) ofrecen solidaria y gratuitamente su tiempo, su saber y su estar como forma de contribuir en la construcción de una sociedad guineana más justa, apostando por la humanización de las personas y porque, como San Pedro Poveda, queremos aprender la manera de conquistar el mundo por la educación y la cultura”, continuó.

En Malabo

Las puertas del Centro Virgen María de África, en Malabo, se abrieron el 9 de julio para acoger a un centenar de niños/as y al grupo de quince voluntarios que los acompañarían durante dos semanas. En las primeras horas de la mañana desarrollaron un programa de actividades de refuerzo escolar de lengua y matemáticas por niveles (4º, 5º y 6º de Primaria, 1º y 2º de Secundaria). A continuación, talleres variados (deporte, baile, teatro, animación a la lectura, dibujo, manualidades, ganchillo, costura y pulseras). Tras las clases y los talleres, cada día estaban previstos diversos juegos.

Los jóvenes voluntarios del Movimiento Institución Teresiana, acompañados por sus animadoras, había tenido encuentros de formación preparatorios. Además durante la experiencia dedicaban momentos para organizar lo que iban a hacer, y para compartir la riqueza que estaba suponiendo el contacto gratuito con los niños/as de los barrios.

La propuesta fue valorada muy positivamente. Muchos niños y niñas propusieron que la experiencia fuera más larga. En este segundo año de realización, la participación ha sido mayor. “Ello indica que a medida que la experiencia se consolida, el impacto aumenta”, afirman los organizadores.

Testimonios de los jóvenes

1028-0En la evaluación final algunos jóvenes compartieron lo que había supuesto la experiencia: “Lo que más me ha gustado ha sido… vivir el día a día con las emociones de los niños; poder compartir con otros lo que tengo; el clima de familia que ha reinado entre los voluntarios; la amistad y el estado de ánimo de los compañeros voluntarios. Me ha encantado compartir con los niños y transmitirles conocimientos y vivencias. He disfrutado mucho y he aprendido muchas cosas. Lo hemos pasado de maravilla con los niños y con los voluntarios.

Me ha resultado genial. Esta experiencia ha significado dar lo mejor de mí, consolidar mi esfuerzo de trabajar con los niños y entregarme por los demás. Integrarme más en el grupo y aprender a amar

He experimentado lo mucho que se puede aprender enseñando y el disfrute que eso supone, pero sobre todo el descubrir que todos tenemos algo que aportar para que nuestro mundo sea cada vez un poquito mejor”.

Para las animadoras, la experiencia ha sido de gran satisfacción. Conscientes de que la idea buena de Poveda lo es aún más entre quienes más lo necesitan, han vivido la experiencia como algo significativo en su camino de crecimiento personal en la Institución Teresiana. Se han sentido motivadas por el interés de los niños, las niñas y de los padres, y por la constancia y entusiasmo de los voluntarios. Esto las animaba a confiar y aportar lo mejor de sí porque “no hay que ser rico para dar, basta ser bueno”.

Algunas de las expresiones de las animadoras han sido: “A veces creemos que hay que saber mucho y estar muy seguras para lanzarnos, esperamos a tener grandes cosas para compartir pero esto no es verdad.

He disfrutado durante la preparación de la formación de los voluntarios y al ver el clima de familia y respeto entre ellos.”

En zona rural, Moeri

Seis voluntarios con una animadora se desplazaron al poblado de Moeri, al sur de la isla de Bioko, la última semana de julio, para ofrecer la experiencia en una zona rural.

Participaron unos cuarenta niños y niñas, algunos pequeños, que no quisieron perderse la experiencia. Durante los siete días de actividades. Algunas, culturales y religiosas, se ofrecieron a adultos. Algunas madres colaboraron como monitoras.

Todo el pueblo se volcó en aportar lo que tenía, desde la casa donde vivieron los voluntarios, hasta el plátano, la malanga y la fruta recién traídos de las fincas para comer cada día. El 28 de julio, fiesta de San Pedro Poveda, se realizó una sencilla celebración conmemorativa.

Los voluntarios destacaron la enorme receptividad y disposición de los niños/as para aprender, y la acogida de la mayoría de las personas del poblado.

“La experiencia ha sido muy buena, - expresaba una voluntaria - porque todo lo realizado ha sido muy significativo para el pueblo. Me ha ayudado a valorar el sentido del estudio y lo bueno que es aprender”.

“Lo que más valoro es la participación y colaboración de los niños y de la gente del pueblo. Y el hecho de que los niños hagan caso a lo que se les dice y trabajen con ganas”, afirmó otro joven.

“Me ha gustado vivir el día a día con los niños, convivir con ellos como una familia”, fue otra de las expresiones.

Los organizadores han valorado que “las actividades, la formación y la oración; también la fiesta y el baile compartidos, han contribuido a que los jóvenes celebren la alegría de vivir el evangelio como grupo, en una sociedad necesitada de la sal de Jesús, en sus barrios y pueblos.

La riqueza de la experiencia y la buena acogida de ésta los anima a seguir organizando cada año este voluntariado, iniciado con motivo del Centenario de la Institución Teresiana”.

Info.IT.
Informe de: Estrella Sendra.
Foto: Silvia Mope.

© 2026 Institución Teresiana - archivo de noticias de 2011 a 2020