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Ciudad del Vaticano.
La mañana del 27 de febrero amaneció con un cielo azul sin nubes sobre Roma. Pasadas las 10,30, en la plaza de san Pedro y ante una multitud, el Papa Benedicto XVI pronunció su mensaje en la última audiencia. Un acontecimiento inédito en la vida de la Iglesia y una lección de vida cristiana: “Uno recibe la vida cuando la da", dijo el Pontífice. Un grupo de la Institución Teresiana en Roma estuvo presente.

0227-40227-3“Ha sido un encuentro muy emocionante donde más de 150.000 personas han aclamado y aplaudido sin parar al Papa que se despedía de ellos y que les agradecía el apoyo, el cariño y la cercanía”, expresa Pilar Reinoso, desde la Plaza de san Pedro.

“Quisiera que mi saludo y mi gratitud llegase a todos: el corazón de un papa se alarga y abraza al mundo entero. ¡Gracias de corazón! ¡Estoy conmovido de verdad! ¡Y veo la Iglesia viva! Y creo que debemos decir gracias, también, al Creador por el buen tiempo que nos regala incluso ahora en invierno”, eran palabras de un Papa que estaba escribiendo una página nueva y señera en la vida de la Iglesia. 

0227-5Pilar Reinoso continúa su testimonio: “Desde la mañana temprano la plaza se llena de entusiasmo, de banderas que se mueven al viento, de cantos, de emociones... con los colores, la alegría y las diversas lenguas de los países del mundo que quieren despedir al pastor que durante ocho años ha guiado con su brillante magisterio a la Iglesia universal.

La emoción parece llegar a su culmen cuando el Papa comienza a dar una larga vuelta a toda la plaza, en el "papa móvil". Parece acoger y despedir a cada una de las personas presentes. Durante más de diez minutos el Papa está entre la muchedumbre que lo aclama. Le acercan varios niños, a los que besa y bendice. Es el Padre en medio de sus hijos. Quiere decirles, una vez más, que su decisión es la respuesta a algo que el Señor, el verdadero Pastor de la Iglesia, le ha pedido: 'He dado este paso con plena conciencia de su gravedad y también de su novedad, pero con una profunda serenidad de ánimo. Amar a la Iglesia significa, también, tener el valor de tomar decisiones difíciles, que hacen sufrir, poniendo por delante el bien de la Iglesia y no a sí mismo'".

0227-6Las palabras del Papa, sencillas, directas, afectivas, merecen ser leídas y reflexionadas, (se adjuntan) Las expresa con serenidad, con la mirada varias veces elevada hacia la muchedumbre.

Al final, Benedicto XVI dice: “Que en nuestro corazón, en el corazón de cada uno de vosotros esté siempre la alegre certeza que el Señor está a nuestro lado, no nos abandona, está cercano y nos envuelve con su amor. ¡Gracias!”. Los aplausos parecen no acabar. Después el Papa saluda y bendice en diversas lenguas.

“El grupo de Institución Teresiana presente ha querido agradecer al Papa sus años de entrega como pastor de la Iglesia, y en particular tantos gestos de cercanía y cariño manifestado hacia la Institución, sobre todo con motivo de la conmemoración de su Centenario, clausurado el año pasado”.

Pilar Reinoso, Roma.

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