Restringido / Restricted

TAIWAN, China.
Del 1 al 11 de julio pasado, tuvo lugar el 5º Programa de Voluntariado Internacional de la Institución Teresiana, en Taiwán, con el lema "Eres mi hermano, eres mi hermana".

0723-2En este Año de la Fe en el que la iglesia nos invita a expresar nuestra fe dando testimonio de ella a través de actos de amor hacia los demás, especialmente con los que tienen menos en la vida,  el grupo de voluntarios de la Institución Teresiana en Taiwán, han desarrollado su programa estival de voluntariado.

Entre los participantes había jóvenes que no eran bautizados católicos, sin embargo sabían que estaban participando en un proyecto de la Iglesia Católica y estaban abiertos a seguir el precepto de "amar a los demás".

El 1 de julio en el Centro de la I.T. de Tainán, se reunieron ocho chicos y seis chicas de Taipéi, Tainán y Taiyuan, de edades comprendidas entre los 13 y los 17 años. Estuvieron acompañados por miembros de la Institución Teresiana (uno ACIT y 3 AP) y un profesor invitado. El objetivo era conocerse y prepararse para el programa de servicio de verano con niños, en Jin Lun, que pertenecen a una de las 14 tribus aborígenes de Taiwán - la tribu Paiwán.

Terminada la reunión se celebró una eucaristía de envío, con la presencia de algunos padres de los voluntarios. El sacerdote exhortó a cada uno "a expresar su amor en verdad, a través de acciones, no sólo de palabras".

Antes de ir a Jin Lun pasaron una mañana en un centro para personas gravemente discapacitadas, con la tarea de ayudar con la limpieza de las instalaciones. Por la tarde, visitaron un hogar de ancianos, donde compartieron tiempo y entretenimientos. Ambos se encuentran en Chiayi, a sólo una hora al norte de Tainán.

Los jóvenes ya preparados con sus materiales y con el plan del programa, cogieron el tren hacia Jin Lun, Taitung. Fue un viaje de unas cuatro horas hacia el sur y luego hacia el este a lo largo de la costa, disfrutaron de la vista del Océano Pacífico y las montañas. Este año se conocían mejor y estaban divididos en comités con diferentes tareas: enseñar la doctrina cristiana; también inglés; crear algunos artículos de artesanía; además de entretener y orientar a los niños.

La Iglesia Católica de Jin Lun fue el escenario para encontrarse con los niños, y residencia para todo el grupo mientras que hicieron el servicio, que fue muy apreciado por el sacerdote católico y su equipo. Los católicos de Jin Lun se sintieron muy favorecidos al ser elegidos para este programa de verano sin tener que mover a más de 45 niños a otra ciudad. Fue la primera vez que eran visitados y servidos en su propia iglesia parroquial.

La primera tarde, después de arreglar sus cosas, todo el grupo dio una vuelta para conocer el lugar y su cultura, mientras escuchaban unas palabras de introducción. También visitaron un museo cultural y fueron a ver el río que en una ocasión había devastado la zona por causa de un fuerte tifón.

A la mañana siguiente, después de dar la bienvenida a los niños y de repartir a cada uno su tarjeta de identificación, nuestro equipo de voluntarios enseñaron a los presentes un baile sencillo, con el fin de crear comunidad al esforzarse por aprender los pasos y moverse todos a un tiempo.

Las otras actividades, en grupos separados de tres personas cada uno, incluyeron: clase de Inglés, historias de la Biblia y manualidades DIY (“do it yourself, hazlo tú mismo”). Las tres tardes estuvieron dedicadas completamente a juegos. Todas las noches, antes de ir a la cama, los voluntarios realizon una reflexión guiada por el profesor.

El último día tuvo lugar un acto de clausura, en el que los niños de Jin Lun mostraron su talento con bailes, tocando la flauta y representando una breve obra de teatro para dramatizar dos historias de la Biblia. Celebraron su experiencia de compartir y aprender juntos como hermanos y hermanas.

Después de este servicio de amor a los niños, los voluntarios se trasladaron a otro lugar y tuvieron dos días para procesar su experiencia y disfrutar de la belleza natural: el mar, el amanecer,  contemplar las estrellas por la noche y tener el regalo de un tratamiento relajante de aguas calientes. Cada voluntario tuvo una oportunidad para ser guiado en su  reflexión personal.

Todo el grupo se sintió agotado después de 10 días de entrenamiento, creciendo como equipo y poniendo su amor en acción, reflexionando en grupo y compartiendo para ayudar a cada uno a encontrar sentido en su propio esfuerzo por acercarse a los demás. La experiencia fue también un crecimiento como equipo con un sentido de misión y, como comunidad, cuidando y trabajando en armonía con el desafío de complementar la individualidad de cada uno. Solamente esto fue una fuente de aprendizaje y satisfacción.

En su evaluación muchos de los voluntarios expresaron cómo toda la experiencia les hizo crecer en su confianza en sí mismos y en la capacidad de aprender y de acercarse a otros. Algunos también recibieron una mayor afirmación de sus propios talentos de organización y liderazgo. Una chica estaba muy satisfecha consigo misma al darse cuenta de que en realidad era capaz de servir y ayudar a otros. La mayoría expresaron su agradecimiento por la forma en que fueron dirigidos, entrenados y guiados. Sobre todo al enfrentarse a momentos difíciles y salir de ellos logrando alcanzar los objetivos después de hacer esfuerzos para superar la timidez y el miedo a manejar esas situaciones.

El equipo organizador se dio cuenta de que es posible atraer a jóvenes, que suelen están pegados a sus teléfonos móviles, algo aislados y sin interés por el que está a su lado. Son capaces de dejar a un lado los teléfonos móviles y aprender a amar y servir; a sentir alegría y satisfacción cuando consiguen “amar en acción, amar en verdad”. La experiencia ha sido una muestra de aquello soñado por san Pedro Poveda: "la juventud será tu fuente de alegría y de gloria".

 I.T. en Taiwán

© 2026 Institución Teresiana - archivo de noticias de 2011 a 2020