VILLA CURA BROCHERO, Córdoba, Argentina
En un pueblo serrano hoy llamado Villa Cura Brochero, en la zona de Traslasierra (Córdoba, Argentina) el 14 de septiembre tuvo lugar la beatificación de José Gabriel Brochero, sacerdote considerado santo desde hace tiempo por el pueblo argentino. Miembros de la Institución Teresiana participaron en el significativo acontecimiento.
En esta ocasión miles de personas a lo largo de tres días hemos vivido una verdadera fiesta popular, nos hemos conmovido y nos hemos entusiasmado haciendo memoria de su vida coherente y comprometida con los más olvidados y escuchando las anécdotas que andan de boca en boca en los lugareños.
La ceremonia de beatificación fue presidida por el enviado del Papa, el Cardenal Ángel Amato, prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos; y concelebrada por el nuncio apostólico en la Argentina, Emil Paul Tscherrig, unos 80 obispos -casi la totalidad del episcopado argentino- y unos 1.200 sacerdotes.
En una mañana fría y nublada las siguientes palabras, pronunciadas en el predio denominado Cristo blanco, colmado de argentinos provenientes de diversas provincias, dieron cumplimiento a la esperanza tanto tiempo alimentada y despertaron en los asistentes la emoción, el júbilo, el agradecimiento, el aplauso interminable:
"Concedemos que el venerable siervo José Gabriel del Rosario Brochero, sacerdote diocesano, pastor según el corazón de Cristo, fiel ministro del evangelio, testigo del amor de Cristo a los pobres, sea llamado beato de ahora en adelante".
En ese marco, el presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, monseñor José María Arancedo, leyó una carta en la que el Papa destacó la figura del flamante beato como “pastor con olor a oveja” y aseguró que Brochero fue un “pionero” de la evangelización al llevar el mensaje de Cristo a las “periferias existenciales” y al hacerse “pobre entre los pobres”.
En la homilía, el cardenal Amato dijo que en la carta apostólica del papa Francisco se describen los “rasgos esenciales que retratan a este héroe cristiano, sembrador del bien, a manos llenas, en estas tierras argentinas. Su beatificación es un acontecimiento de suma relevancia tanto social como religiosa” y comparó a Brochero con el Santo Cura de Ars, patrono mundial de los párrocos.
“Verdadero bienhechor del pueblo argentino, promovió el progreso de la sociedad y el bienestar de la comunidad. El trabajo a favor de la dignificación de la persona humana provenía de su santidad personal, un rasgo que todos reconocían en él ya en vida", subrayó.
Amato relató la conversión que Brochero logró de dos delincuentes, para luego interpelar: "¿Quién era este sacerdote y qué fue lo que hizo para ser tan querido y venerado?”. “La respuesta es simple: fue un sacerdote completamente dedicado a las almas, todo lo que hizo tuvo como horizonte el bien y la santificación de los fieles, sobre todo de los más necesitados”, aseveró.
El cardenal Amato definió al Cura Brochero como un “verdadero comunicador que con su predicación tocaba los corazones convirtiendo, incluso, a los pecadores más empedernidos”.
“Se transformó en un difusor y promotor del Reino de Dios y abanderado de Cristo”, indicó, y sostuvo que difundió los ejercicios espirituales (de San Ignacio de Loyola), a los que movilizaba a multitudes, porque estaba “convencido de su eficacia como instrumento para comunicar a la inteligencia la luz de la verdad divina y para que triunfe la gracia en los corazones, aún en los más rebeldes”.
“Su caridad pastoral generaba comunión. Era un pastor y un padre para todos. Pero sus predilectos fueron los enfermos, los pequeños, los pobres”, precisó.
Por último, exhortó a los sacerdotes a practicar lo que Brochero enseñó y a no cansarse de ser misericordiosos y ejercitar el ministerio sacerdotal con serenidad y alegría como él lo hacía. “La presente beatificación es sólo un comienzo para conocer al Cura Brochero, a este sacerdote santo. Sigamos imitándolo y pidiendo por nuestras necesidades espirituales y materiales”.
También se proyectó un video del momento en que el Papa bendijo en el Vaticano una campana con la leyenda “Brochero, un cura con olor a oveja”, que será colocada en la parroquia del pueblo.
Al terminar el ritual de beatificación, Nicolás Flores, el niño del “milagro” acercó al altar las reliquias del beato junto con sus padres, un sacerdote del lugar y una religiosa. El obispo de Cruz del Eje, monseñor Santiago Olivera, agradeció al Papa por este momento culminante para la Iglesia.
Libro de la ceremonia de beatificaciónPreviamente a la ceremonia de Beatificación el Cardenal Amato leyó un mensaje del Papa con una bendición "especial" para los enfermos donde recordó que "el dolor forma parte de nuestra vida" y que Jesucristo se asoció al dolor humano "con su Pasión y su muerte". "Quienes como ustedes llevan la cruz de Cristo participan con Él en la redención de la humanidad. Sus sufrimientos en este momento histórico, junto con sus oraciones, deben obtener del Señor un gran don, el gran don de la paz y de la fraternidad entre todos los pueblos del mundo... "Ustedes, queridos enfermos, son la primera línea en esta misión espiritual de paz de la Iglesia", añadió Francisco.
La historia de Brochero que se repite de mil maneras entre los cordobeses, nos impactó. Para la gente, Brochero fue el “cura gaucho”, que hace un siglo, desarrolló su tarea pastoral y de promoción humana en el oeste cordobés. Hace un siglo era una región olvidada, incomunicada y pobre, pero de paisaje pintoresco, de incomparable belleza en los valles, en los ríos y en las alturas.
En este lugar trabajó durante cuarenta años este pastor, sencillo y entusiasta, que supo asimilar a fondo la cultura de su pueblo, que hablaba con el lenguaje de los serranos, a veces tosco en apariencia, pero ingenioso para llegar al corazón y trasmitir el amor a Jesús y el amor entre hermanos.
En esas largas distancias del curato de San Alberto, este cura criollo, tuvo como medio de movilidad una mula que lo trasladaba por los ranchos para conocer a la gente, tomar mate con ellos y saber de sus problemas y necesidades.
Contagió alegría con su chispa cordobesa, supo escuchar el silencio de su gente y comprometerse en la promoción de toda la región. Edificó, con la colaboración de los fieles, Iglesias, escuelas y una casa de ejercicios. Abrió caminos y acueductos. Alentó la cultura del trabajo, siendo el primero en tomar un pico y una pala y así invitar a romper la inercia y generar fuentes laborales. También supo cuestionar a legisladores cordobeses que "no se interesaban por el progreso de sus comprovincianos", decía, al no promover leyes para que el tren llegara a estos poblados.
Se dijo de él “el estilo apostólico de Brochero fue nuevo e ingenioso; tuvo que poner en ello audacia y tesón. En todo tiempo, enfrentó las dificultades lleno de confianza y soportó con paciencia a quienes no lo entendieron o criticaron”.
Murió leproso, después de varios años de padecimientos que supo convertir en oración y ofrenda por “los hombres pasados, por los presentes y por los que han de venir hasta el fin del mundo” como escribió a su ex compañero de seminario cuando esperaba el final de su vida.
Los periódicos de la época muchas veces hacían alusión a la obra de este sacerdote. En 1887, cuando estaba en plena tarea, uno de ellos publicó la siguiente nota:
“Es un hombre de carne y huesos: dice misa, confiesa, ayuda a bien morir, bautiza, consagra la unión matrimonial, etc. Y sin embargo es una excepción: practica el Evangelio. ¿Falta un carpintero? Es carpintero. ¿Falta un peón? Es un peón. Se arremanga la sotana en donde quiera, toma la pala o la azada y abre un camino público en 15 días, ayudado por sus feligreses. ¿Falta todo? ¡Pues él es todo! y lo hace todo con la sonrisa en los labios y la satisfacción en el alma, para mayor gloria de Dios y beneficio de los hombres, y todo sale bien hecho porque es hecho a conciencia. Y no ha hecho solamente caminos públicos: Ha hecho también una buena Iglesia. Ha hecho, además, un gran colegio... ¡y todo sin subsidio de la provincia, sin erogación por parte de los miembros de la localidad! ¡Lo ha hecho todo con sus propias garras! ¿Milagro? No. La cosa es muy sencilla. Es cuestión de honradez y voluntad. En otros términos: es cuestión de haber tomado el apostolado en serio, como lo ha tomado el cura Brochero”.
En el Ángelus del domingo 15 de septiembre pasado, el papa Francisco expresó: “Deseo unirme a la alegría de la Iglesia en Argentina de este pastor ejemplar que a lomo de mula recorrió infatigablemente los áridos caminos de su parroquia, buscando casa por casa las personas que le habían sido encomendadas para llevarlas a Dios”... “Pidamos a Cristo, por intercesión del nuevo Beato, que se multipliquen los sacerdotes que imitando al Cura Brochero, entreguen su vida al servicio de la evangelización”.
Vídeo: Campana ofrecida por el papa Francisco a Villa Cura Brochero, Córdoba
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José Gabriel del Rosario Brochero, Nació en los aledaños de Santa Rosa de Río Primero (Córdoba) el 16 de marzo de 1840, murió en Villa del Tránsito, el 26 de enero de 1914. Popularmente se lo conocía como el cura gaucho.
Datos sobre su vida en la web oficial.
Carta del papa Francisco con motivo de la beatificación.
Norma Santandrea Fava y Nora Rosso



