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MADRID, España. 

La revista Crítica celebró sus cien años con una mesa redonda en la sala María Zambrano del Círculo de Bellas Artes de Madrid, el 28 de noviembre de 2013.

El acto conmemorativo del centenario de Crítica, la revista más antigua de España y Europa dirigida por mujeres, como recordó su actual directora Manuela Aguilera, contó con las aportaciones de Rosa Capel, María Asunción Ortiz, Consuelo Flecha y Edurne Arbeloa.

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"Traigo en mi corazón a todas esas mujeres que año tras año hicieron posible la revista en cada momento histórico", dijo Manuela Aguilera al iniciar el evento. "Mujeres convencidas de que el conocimiento, la comunicación, la información contenían el germen poderoso de la transformación de la mente y el corazón humanos. Mujeres valientes que decidieron estudiar y escribir para reconquistar en la historia su papel insustituible: el de convertir este inhóspito, gélido y competitivo mundo en otro donde la solidaridad, la generosidad, la búsqueda de la verdad, la humanización en suma, fuesen los valores predominantes, donde la fe y la cultura, para mí los dos esenciales ámbitos creadores de libertad y de sentido, dialogasen", afirmó.

Posteriormente Manuela Aguilera recordó los nombres de las directoras de la revista Critica a lo largo de sus cien años, una cadena ininterrumpida: Araceli Bailón, Mariana Ruiz Vallecillo, Victoria Montiel, María Carbajo de Prat, Laura Luque, Isabel del Castillo, Mª Josefa Grosso, Mª Dolores Gómez Molleda, Mª Dolores de Asís, Mª Isabel Sancho, Mercedes Gómez del Manzano, Francisca Rosique, Marisa Rodríguez, Rosario Marín.

"Crítica, un lugar para pensar"

Rosa CapelRosa CapelLa primera de las cuatro voces previstas en la mesa redonda fue Rosa Capel, Catedrática de Historia Moderna de la Universidad Complutense de Madrid, una de las primeras especialistas en Historia de las mujeres en España. Valoró el significado de una revista hecha por mujeres en el primer tercio del siglo XX. Situó a la educación a finales del siglo XIX en España, como eje de políticas gubernamentales y enmarcó el conflicto entre laicismo y religión acrecentado en las primeras décadas del siglo XX cuando “las mujeres eran beneficiarias de un debate contrapuesto”. Por un lado los sectores conservadores que veían a la mujer asociada a parámetros de belleza y de presencia en el hogar; por el otro quienes reivindicaban una educación igualitaria en grado y contenido entre varones y mujeres. Al final del siglo XIX en España el debate educativo estaba liderado por el krausismo y la Institución Libre de Enseñanza. En otros países existían polos educativos (College) para mujeres, comparó.

También analizó la aparición de un catolicismo renovador que asumía una pedagogía moderna y más laical y que reaccioba contra los modelos que fomentaban modelos de frivolidad femenina; y que no aceptaba las propuestas de los centros docentes laicos que proclamaban la emancipación sin esquemas de moral y con caminos anárquicos "La idea de estos círculos católicos de pensamiento abierto era formar pléyades de mujeres cultas que supieran incluso más que quienes salían de los centros laicos", afimó Rosa Capel.

La historiadora distinguió las instituciones católicas de corte renovador de la época dedicadas a obreras de las que provenientes de diversas clases sociales se identifican por sus inquietudes intelectuales. La educación que abarcaban éstas últimas era el nivel medio y universitario. Reconoce a Pedro Poveda y a la Obra Teresiana en este grupo en el que se inscriben las primeras titulaciones de licenciadas y de doctoras. Asemeja el interés de Pedro Poveda al de los College del mundo anglosajón. Valora la expansión de la Obra Teresiana en la creación de asociaciones de Antiguas Alumnas, Centros de Perfeccionamiento y Círculos de Estudios (especialmente del magisterio) contexto en el que nacerá una revista que dará origen a Crítica.

Mª Asunción OrtizMª Asunción OrtizMª Asunción Ortiz, historiadora y directora del Archivo Histórico de la Institución Teresiana, habló de los orígenes de la revista Crítica en Linares en 1913, como Boletín y describió las diversas etapas por las que pasó.

Destacó los elementos que sostenían la idea de Pedro Poveda en los comienzos de la Obra Teresiana: Las Academias (en 1913 había tres) los Centros Pedagógicos y una revista. Desde Linares se lanza la publicación de un Boletín de la Academia de esa ciudad. La misma surge para todas las Academias, con frecuencia semanal durante los tres primeros años. El primer número aparece el 5 de octubre del 1913, su directora era Araceli Bailón, destaca Mª Asunción Ortiz.

"El boletín nace como un instrumento de comunicación de la Obra de las Academias, como ventana y difusión, espacio para nuevas plumas, fundamentalmente femeninas", afirmó. Estaba organizado por Secciones. La II época surge después de una transición difícil y lo hace con un manifiesto que da cuenta de la continuidad. Permanece hasta septiembre de 1921, cuando se pasará a otra etapa.

Consuelo Flecha, Catedrática de Teoría e Historia de la Educación de la Universidad de Sevilla, e investigadora en temas de feminismo y educación, habló de las mujeres que hicieron la revista en sus comienzos. Para ella, recorrer la trayectorias de aquellos perfiles de mujeres es una oportunidad y un deber de justicia. Se trata de perfiles modernos, cualificadas y con protagonismo público.

Manuela Aguilera, Edurne Albeola y Consuelo FlechaManuela Aguilera, Edurne Albeola y Consuelo FlechaValoró el asociacionismo católico renovador como un medio eficaz para la cuestión femenina o de la mujer en aquellas décadas. En ese marco señaló a la Institucion Teresiana como una asociación de cultura en la que surge una revista dirigida por mujeres y escrita en su mayoría por mujeres con referencia a temas de educación en centros privados y públicos.

Su presentación giró en torno a las primeras directoras y autoras de la revista, “quienes pertenecieron en cada época al grupo emergente de mujeres que habían obtenido títulos superiores, en la primera etapa mujeres maestras, después de los años 40 licenciadas y doctoras, con una formación cultural muy por encima de la media femenina española de aquellos años. Cada una y en conjunto aportaron un perfil singular de mujer católica con protagonismo en otros espacios; por ello sospechosas algunas, para sus entornos", señaló.

A continuación la profesora Flecha ofreció pinceladas del perfil de algunas mujeres vinculadas al origen y a las primeras etapas de la revista Crítica: Araceli Bailón, Mariana Ruiz Vallecillo, Victoria Montiel, María Carbajo de Prat, Laura Luque, Isabel del Castillo, Mª Josefa Grosso y Mª Dolores Gómez Molleda, quien renovó el formato y los contenidos. Cada una y en conjunto, “muestran la calidad profesional, las inquietudes, la formación científica, la aportación a la sociedad...”, concluyó Consuelo Flecha.

Por su parte la periodista Edurne Arbeloa, colaboradora de la revista Crítica y redactora en la sección de Internacional de la CNN, habló de la relación entre las mujeres y el periodismo en España hoy. Analizó su situación laboral y su evolución. Dijo que “las mujeres en el periodismo somos muchas pero aún pocas alcanzan los puestos de dirección”. Apoyó su aportación con datos estadísticos de los que se desprenden que en la actualidad el 70 % de los estudiantes de periodismo son mujeres; aunque en las redacciones son un 40%, y en cargos directivos solo el 20%. Dijo que esta situación ocurre en casi todas las profesiones; así como los problemas de horarios que hace difícil la conciliación de vida familiar y trabajo y la escala salarial que suele ser menor en comparación con los hombres.

Epílogo para un homenaje1202-7

El cierre del acto estuvo a cargo de Manuela Aguilera quien a modo de epílogo leyó un magnífico texto (se publica completo) fuertemente aplaudido por los presentes en la sala.

“Cabe decir, para terminar que, si de algo la revista Crítica ha sido testigo a lo largo de sus 100 años de existencia es de cómo el periodismo se ha ido transformando a lomos de la tecnología.

Voy a hacer un pequeño ejercicio a modo del dios romano Jano, el dios de los principios y de los finales, de todo aquello que acababa y comenzaba, ese que ostentaba dos rostros uno que miraba al pasado y el otro al futuro, para significar que basta un elemental recorrido, desde la imprenta al rayo láser, pasando por la telegrafía sin hilos al teléfono, del teletipo al fax, de la linotipia al off-set, hasta llegar al correo electrónico o al desarrollo de las páginas web, para percibir hasta qué punto el periodismo escrito, en general, -y no digamos ya el audiovisual- ha sido la derivación favorita de los avances científico-técnicos de esta centuria. Y todos ellos han pasado por Crítica.

1202-8Si miramos al pasado, ya el periodista Eusebio Blasco (1844-1903) a finales del siglo XIX, con un olfato poco habitual, percibe que la técnica aplicada a la prensa escrita supondrá algo más que un cambio de envoltura, de continente, sino que influirá definitivamente sobre el contenido. No llega al extremo de decir que "el medio es el mensaje" (frase que tardará más de medio siglo en ser pronunciada por McLuhan) pero se atreve a afirmar:

No puede estar hecho del mismo modo el periódico que iba de un punto a otro en diligencia que el que va en el furgón del ferrocarril y es repartido a las veinticuatro horas a los lectores de quienes antes nos separaban leguas por tres o cuatro días. Se hace hoy todo con el vapor, con la electricidad… y el vapor y la electricidad están ya en nuestros cerebros, como hay vapor material en las locomotoras y alambres telegráficos en los caminos.

Yo misma, si echo la vista atrás hasta hace tan sólo 20 años, recuerdo que maquetaba la revista -porque también la maqueté…- en inmensas galeradas de papel, con tipómetro y letraset. Y aún recuerdo, también, cuándo desapareció de mi mesa mi amada Olivetti y apareció en su lugar un flamante ordenador al que miré con recelo y que acabó conquistándome.

Los periódicos y revistas de los 90 y sus artes de imprimir se parecían más a los de finales del siglo XIX que a los actuales periódicos y revistas digitales. Es decir, se han producido más cambios en los últimos 20 años que en los últimos 5 siglos.

Las redacciones hoy han cambiado. La de Crítica también. Hoy, gracias a la autoedición, todo lo realizamos en la pantalla del ordenador y tenemos una página web donde los lectores pueden leer la revista desde cualquier parte del mundo porque somos una revista que aún resiste en el mercado bajo dos modalidades: en soporte papel y en soporte digital.

De la misma manera que, durante el siglo XIX y principios del siglo XX, se hablaba de la muerte de la pintura ante el surgimiento de la fotografía, de la muerte del teatro ante el surgimiento del cine, de la muerte del cine ante el surgimiento de la televisión y otros ejemplos similares, muchos hablan hoy de la muerte de los medios tradicionales en papel ante el surgimiento de los medios digitales. Ahora mismo, los últimos estudios sobre el tema, como el realizado por la Asociación para la investigación de medios de comunicación en octubre de 2012, nos dicen:

Que un 54,4% de los menores de 13 años ya lee siempre en formato electrónico.
Y que sólo el papel prevalece sobre la opción electrónica entre aquellos que desean informarse sobre temas en profundidad.

Esta es la gran encrucijada en la que se encuentra el periodismo actual: A la crisis general, tanto del sistema económico como político que sufre Occidente, se une la crisis de una profesión, sacudida como ninguna otra, por el tsunami digital, que ya no se sustenta sobre el papel como único intermediario.

¿Seguir en papel o pasar totalmente a digital? La revista Crítica no se encuentra al margen de este debate. Un debate cuyo contenido no es sólo un cambio de soporte sino un nuevo modo de ejercer la lectura, la escritura, un nuevo modo de comprender, de acceder al conocimiento, lo que puede producir un cierto vértigo.

Considero, sin embargo, que sea cual sea el futuro al que nos encamine esta reflexión, lo fundamental son dos cosas: primero, no tener miedo al cambio y, segundo, seguir creyendo en la fuerza de la palabra escrita.

¿Por qué digo no tener miedo al cambio? Pues porque los cambios producen una gran incertidumbre y ante el caso concreto de encaminarnos hacia una transformación completa del soporte de nuestra revista son muchas las preguntas que surgen y se plantean… No es esta la ocasión para enumerarlas, pero es importantísimo erradicar ese miedo… porque el miedo es un fardo que nos empobrece, empequeñece, nos consume y devora la creatividad. Por experiencia sé que sólo hay una forma de perderlo: no intentar cambiar aquello que se teme, sino nuestra manera de mirarlo.

De esta reflexión no saldremos intactas pero sí ilesas, estoy segura. En cuanto a la fuerza de la palabra escrita, el periodismo es una vocación y un oficio modesto y molesto que más allá de su poder para convencer, informar, denunciar, movilizar, conmover…, espolea siempre al periodista a hacerse la misma pregunta: ¿escribir puede hacer que algo cambie en este mundo nuestro inundado de soledad, de hostilidad, de sinrazón…, un mundo empeñado en hacernos herederos y herederas de la mediocridad, de lo light, del imperio del dinero, de la violencia física y moral, del paro, de la desigualdad más desgarradora, de la corrupción política y social, de la desconfianza, de la xenofobia, del racismo y de la insolidaridad? Pues sí, sin esa fe no se puede ejercer esta profesión. La escritura es necesaria y ¡claro que puede cambiar las cosas! En el transcurso de la historia quizá no lo ha hecho de forma directa y radical porque necesita tiempo para llegar a la conciencia del lector. Pero a la postre, puede influir en decisiones, actitudes y acciones. Muchos son los periodistas que entregaron su vida porque así lo creían. La entregaron para que su labor no sólo informara sobre lo que ocurre, sino para desenmascarar el mal, sanar la realidad y hacer un mundo más humano.

Como dije al comienzo de este acto, el ser humano está saturado por el exceso de información hoy, invadido por palabras que pronto pierden su valor y su fuerza. Y, sin embargo, ese exceso, esa sobreproducción no debería desanimarnos. Por encima de la tecnología y los soportes, más allá de la moda explosiva de la conversación global y de las redes sociales, en contra de los agoreros que se empeñan en decir que ésta es una profesión moribunda, el periodismo se mantendrá por una razón contundente: el ciudadano, cada vez más abrumado por el exceso de información, necesita profesionales con criterio, es decir, críticos, para seguir haciendo un complicado ejercicio de selección, jerarquización e interpretación de la misma. Por tanto, el periodismo es y seguirá siendo un servicio público imprescindible.

Y quien lo ejerce, el periodista, seguirá planteándose: ¿yo desde donde escribo? ¿escribo desde lejos o desde cerca? ¿desde mi ayer o desde mi presente? ¿desde los últimos y con ellos o desde mi casita tranquila?... Porque nada tiene que ver con el periodismo quien no se hace estas preguntas, quien escribe bajo el maquillaje de la tinta, detrás del disfraz de las bonitas palabras, que a nada comprometen a quien las escribe o pronuncia. Esa escritura no sirve para nada.

1202-6El verdadero periodista, mediador de libertad y de utopía, seguirá viajando por ese peculiar sendero que constituye la realidad dentro del tren en el que vamos todos y todas, a través de cuyos ventanales la naturaleza nos ofrece un festín maravilloso… y mientras unos corren las cortinas para evitar el sol, otros para dormitar un rato, otros para no distraerse, otros porque no les gusta el panorama…, el periodista es aquel que se sumerge del todo en el paisaje. Y comunica lo que ve, con honestidad, a través de unas cuentas palabras que está decidido a convertir en compromiso y entrega, porque como dije en mis palabras de saludo: comunicar es una forma de amar… Las palabras así escritas y pronunciadas son su puente levadizo ante quienes nos leen y nos escuchan, se convierten en “preciadas copas de sentido”, como las llamaba Agustín de Hipona, se transforman, en definitiva, en la magia que, de vez en cuando, nos permite tocar el alma humana.

Sólo por eso, solamente por eso, los 100 años que acaba de cumplir la revista Crítica han merecido la pena. Muchas gracias”.

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