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MADRID, España

El 12 de agosto se recuerda a Victoria Díez, maestra y catequista, miembro de la Institución Teresiana, que vivió y murió confesando su fe en Jesucristo, en Hornachuelos, en la provincia de Córdoba, España, en 1936. Fue beatificada por el papa Juan Pablo II en 1993, en Roma.

Victoria Díez y Bustos de Molina nació en Sevilla, el 11 de noviembre de 1903 y murió confesando su fe, el 12 de agosto de 1936, en Hornachuelos, Córdoba.

“…A todos hemos de mirar por igual…
si alguno ha de ser el preferido,
será el pobre, el miserable,
el falto de cariño”.
                         Victoria Díez

“Así como cuando hay una luz en una casa se ve la claridad por las ventanas,
así cuando un alma está llena de Dios, aun sin querer, lo comunica
a todos cuantos la rodean”.
                         Victoria Díez

Victoria Díez

Memoria y gratitud

El papa Juan Pablo II, hoy santo, en el momento de acción de gracias durante la celebración de la beatificación en Roma, de Victoria Díez y de Pedro Poveda, el 10 de octubre de 1993, había dicho sobre la primera:

“La joven mártir Victoria Díez y Bustos de Molina es un primer fruto de santidad de la Institución Teresiana, en la cual realizó su vocación de entrega a Dios. Con una profunda vida interior y dedicada al apostolado, llegó a hacerse toda para todos. Desempeñó su profesión de maestra como una misión, favoreciendo la formación humana y cristiana de la personas a todos los niveles. Viviendo su fe en la rea­lidad cotidiana, puso de manifiesto lo peculiar de la vocación laical, de la que hablaría más tarde el con­cilio Vaticano II: 'A modo de fermento, contribuyan (los laicos) a la santificación del mundo, y de esta manera, irradiando fe, esperanza y amor, sobre todo con el testimonio de su vida, muestren a Cristo a los demás” (Lumen Gentium, 31).

Por su parte Aránzazu Aguado, directora de la Institución Teresiana, aquel año de 1993, había escrito:

“En Victoria Díez encontramos una expresión encarnada y real de lo que fue aquella intuición povedana de santidad en medio del mundo: realizar a impulsos del Espíritu y a través de las mediaciones culturales y educativas, una misión formadora según el Evangelio. Victoria, a través de su profesión de maestra, desarrolló esta experiencia con una entrega total a Cristo y en él a quienes puso a su lado, especialmente sus alumnas y compañeros, su familia, y quienes con ella se relacionaron. Testigo de la fe, vivió dentro de la hermosa sencillez una experiencia de plenitud vocacional como miembro de la asociación de fieles laicos que fundó Pedro Poveda, la Institución Teresiana”.

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