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MADRID, España.
En el inicio del V Centenario del nacimiento de Santa Teresa, Maite Uribe, directora de la Institución Teresiana, ha destacado en una carta enviada a los miembros de la misma, “el carácter eminentemente humano y toda de Dios” de Santa Teresa, "mujer andariega, reformadora, simpática y generosa, conocida familiarmente por la Santa".

La Directora de la I.T. recuerda en su mensaje que “Pedro Poveda en 1915 escribe una carta en la que quiere subrayar algunas características de Teresa de Jesús que le parecen fundamentales para las personas que se van acercando a colaborar en las academias que llevan su nombre. Todavía no se había convertido el movimiento creado alrededor de las Academias en la Institución Teresiana, pero como fundador, percibía con claridad lo que quería para su obra y por qué le parecía un acierto que la obra llevara el nombre de teresiana". Creí, por eso hablé [74]. E invita a lo largo del año a “profundizar en la figura y en la obra de Santa Teresa”, retomando lo que Pedro Poveda subraya en 1915 como dimensiones esenciales para los miembros de la Obra Teresiana.

“El carácter eminentemente humano, de un humanismo abierto, capaz de compaginar libertad y responsabilidad, autonomía y solidaridad, personalidad y apertura al otro, un humanismo despierto, curioso y dialogante. Cuando Pedro Poveda habla de vidas humanas, propone un humanismo templado en la solidez de una vida racional y sobria, generosa y solidaria. Vidas que buscan crear y recrear una experiencia humana en Dios y desde Dios, con un talante amable y atrayente, y añade, dejando que cada uno sea como Dios le permita, pero siendo para todos como debéis ser. (Santa Teresa, Libro de la Vida (22,7).

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Vidas todas de Dios, llenas de Dios, del Dios que se ha encarnado en nuestra historia, que ha tomado rostro humano en Jesucristo, y que es para la Obra inspiración, sostén, modelo, teoría, práctica, todo en suma. Cuando en cada una de las personas y en la Obra sea realidad un conocimiento de Cristo que conlleva identificación, cuando el amor a Él y a los hermanos sea el signo visible, cuando vivamos la profunda libertad y disponibilidad que hace fecundo el desarrollo de la Obra, en verdad la Obra será Jesucristo. Su razón de ser, como la de nuestras vidas, es la de trasparentar a Cristo. De ahí la invitación de Teresa de Jesús: “Bienaventurado quien de verdad le amare y siempre le trajera cabe sí”.

Vidas entregadas al servicio de Dios, del Dios que nos ha creado para hacernos co-creadores con El, colaboradores en la gran tarea de hacer que llegue su reino a las personas, a las culturas, a las realidades cotidianas en las que estamos implicados. Vidas en las que la experiencia de Dios permite llevar a su plenitud las diferentes dimensiones de la persona humana: conocer, amar, sentir y actuar en coherencia”.

La Directora de la Institución Teresiana concluye con palabras de “la Santa” de Camino de perfección (capítulo 4) “Ya habéis visto la gran empresa que pretendemos ganar; ¿qué tales habremos de ser para que en los ojos de Dios y del mundo no nos tengan por muy atrevidas?... Está claro que hemos menester trabajar mucho. Que tales habremos de ser: eminentemente humanos y todos de Dios”.

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