MADRID, España.
Con motivo del centenario del nacimiento del hermano Roger de Taizé ─fundador de la Comunidad Ecuménica de Taizé─ y del cincuenta aniversario del Vaticano II, convocado por Juan XXIII, el Grupo ECUDIR de la Institución Teresiana, organizó, el 19 de febrero, en la Sede de la Institución en Madrid, un acto de acción de gracias por el don de la vida de estos dos grandes hombres, testigos de la fe y de la reconciliación en la Iglesia y en el mundo.
Asistieron al encuentro más de un centenar de personas procedentes de diferentes grupos cristianos, entre ellos: una representación de ACIT Joven de Madrid, el grupo de jóvenes de Taizé en Madrid, miembros de la Asociación ACIT Madrid-La Mancha, de la Iglesia Evangélica Española, la Iglesia Evangélica de Lengua Alemana, Asociación Ecuménica Internacional, Asociación Acoger y Compartir, Centro Ecuménico Misioneras de la Unidad, Foro Ecuménico Pentecostés, algunos miembros del DIM (Diálogo Interreligioso Monástico) y de la Comunidad Baha’i. Contamos también con la presencia del delegado de la Comisión Episcopal de Relaciones Interconfesionales, D. Manuel Barrios, y del pastor Máximo García de la Iglesia Bautista, y miembros de diferentes parroquias de Madrid, Fuenlabrada, Alcorcón y Boadilla del Monte.
El acto comenzó con la proyección de un vídeo que recogía el testimonio del hermano Roger sobre el significado que tuvo para él y para la Comunidad de Taizé la entrañable relación con Juan XXIII. Ese testimonio cobra mayor fuerza al conmemorarse en este año también el 75 aniversario de la fundación de la Comunidad, y el décimo de la muerte del hermano Roger.
Traer a la memoria la presencia de Juan XXIII nos hacía conscientes de la apertura y el giro copernicano que supuso para la Iglesia universal el concilio Vaticano II, a través del cual, la Iglesia católica romana supo abrir un camino nuevo al ecumenismo, al diálogo con el mundo y con las distintas tradiciones no cristianas.
El acto que hoy celebramos, dijo Inmaculada González en las palabras de bienvenida, tiene su origen en el encuentro que tuvimos en el mes de mayo pasado con el hermano Alois en Taizé. Entonces, le prometimos organizar algo en Madrid en homenaje al Hermano Roger con motivo del centenario de su nacimiento. Este acto, dijo Inmaculada, es un primer momento de realización de ese compromiso. Habrá otro momento de mayor transcendencia ecuménica el 12 de mayo de 2015, fecha del aniversario del nacimiento del hermano Roger, acto al que, desde hoy, todos estáis invitados.

José Miguel de Haro, sacerdote misionero redentorista, gran conocedor del Hermano Roger y de la Comunidad de Taizé, nos habló a continuación sobre “Juan XXIII Y Roger de Taizé: para que todos puedan creer”. Nos descubrió aspectos inéditos de ambas figuras, y subrayó la proyección de futuro de su legado de esperanza y de compromiso en el trabajo por la unidad entre los cristianos, para ser fermento de sanación y unidad en el mundo.
Quizás lo más grande de la Comunidad de Taizé no es el hermano Roger, dijo José Miguel, sino lo que ha sido su creación: la Comunidad Ecuménica de Taizé, el espíritu que ha sido capaz de transmitir a sus seguidores, esta pasión y este amor a la Iglesia desde la mirada de la Iglesia indivisa, la cual, desde el comienzo, supo cuál era el ministerio que Dios le había confiado para el mundo.

Poner la mirada en el hermano Roger y en Juan XXIII es recuperar el concepto de “mediación”. Tanto Roger como Juan XXIII eran portadores de una gran bondad capaz de descubrir en el otro el proyecto de Dios que habita en cada persona. Ante Juan XXIII, el hermano Roger sintió el asombro de sentirse acogido por la Iglesia católica. Los prejuicios de antaño dejaron de existir. Descubrió en Juan XXIII un hombre llamado no a mandar sino a servir. Este encuentro privilegiado entre ambos nos pide estar atentos al itinerario que abre la amistad más allá de las relaciones afectivas, desde una mirada de fe que descubre esa amistad como una mediación de Dios para realizar su proyecto en la historia. Hay personas que, como Roger y Juan XXIII, han sido llamadas a abrir caminos, a abrir ventanas para que la realidad de Dios pueda tener densidad de presencia en nuestro mundo.
En plena guerra, en aquella situación tan dolorosa, Roger se encuentra en Taizé, cerca de la línea divisoria de la Francia ocupada, lo que le permite acoger a los judíos que huyen de la persecución nazi. Al terminar la guerra, constata que los perseguidos en ese momento son los alemanes. En esta experiencia histórica, descubre el sentido profundo de la reconciliación, algo que ya le habían enseñado su abuela y su padre, pastor calvinista. Desde aquí, comprende la hondura de la necesidad de reconciliación, y su ineludible exigencia para un cristiano. A partir de aquí, comenzará a construir su propio itinerario espiritual, deseando ser él mismo un hombre reconciliado capaz de generar paz y reconciliación.
Juan XXIII participa con Roger de una fe común, la fe en Cristo y la llamada a hacer creíble el Evangelio en un momento histórico en el que los cristianos se han estado matando los unos a los otros. Sus ocho años de estancia en Francia coinciden con el proceso que vive Roger en su llamada fundacional.

Roger, con su mirada en la Iglesia indivisa, comprende que la reconciliación en la Iglesia no será posible si no se da una reconciliación con el Pastor Universal, y, a la vez, comprende que Roma debe mirar con otros ojos a las Iglesias nacidas de la Reforma. Cambiar a Roma este modo de mirar a la Reforma no era fácil; sin embargo, este será uno de los logros que Roger conseguirá a través de la amistad con Juan XXIII. Cuando existen personas que viven con un corazón reconciliado, es posible abrir nuevos caminos de reconciliación. Ante la experiencia, ante lo nuevo que estaba viendo brotar ante él, Roger dirá que era como ver levantarse el velo que cubre el misterio de la Iglesia.
Roger y Juan XXIII fueron instrumentos de ese camino nuevo de reconciliación porque fueron capaces de amar. El Evangelio transcurre por el camino del amor, del perdón, de la creatividad, de atreverse a caminar por caminos nuevos, inéditos. Estos dos grandes hombres fueron capaces de adentrarse en la novedad del camino abierto por el Espíritu al leer los signos de los tiempos desde una mirada interior.
En Roger exultaba un corazón sencillo y transparente capaz de percibir y expresar lo que debía proponer con un lenguaje nuevo, con palabras que brotaban de una mayor hondura, con significado nuevo. Así se atrevió a hablar y escribir en un lenguaje que llegaba a todos alcanzando el corazón. Vayamos a lo esencial, decía muchas veces, y lo esencial es Jesucristo y su Evangelio, su amor, su empatía, su misericordia, la fiesta de Jesús.

Desde esta experiencia, Juan XXIII convocará el Concilio Vaticano II impregnado de espíritu ecuménico. Para avanzar en este camino, creará el Secretariado para la Unidad de los Cristianos, hoy, el Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos.
José Miguel terminó su conferencia con una reivindicación. Benedicto XVI dijo del hermano Roger: “Testigo infatigable del Evangelio de la paz y de la reconciliación. El hermano Roger fue un pionero en los caminos difíciles hacia la unidad entre los discípulos de Cristo. Que su testimonio de un ecumenismo de santidad nos inspire en nuestro caminar hacia la unidad”.
Si Roger ha sido un profeta en el ecumenismo de la santidad, ¿cuándo será posible que la Iglesia reconozca una santidad donde quepa todo ser humano, hombre o mujer, en quien la comunidad descubre que Dios, en medio de la historia, ha actuado más allá de la confesionalidad, y acoja en su seno testigos como el hermano Roger, Martin Luther King, Gandhi etc.? Iglesia, ábrete, derriba los muros que te impiden reconocer la obra y la acción de Dios en la historia.
Terminamos el acto con un entrañable momento de oración preparado por el grupo de jóvenes de Taizé. Dimos gracias por la vida del hermano Roger y de Juan XXIII. Tuvimos también presentes a todos los cristianos y a todos los creyentes perseguidos en este momento en el mundo sencilla y únicamente por el hecho de ser cristianos, de ser creyentes.
Grupo ECUDIR de la Institución Teresiana



