GINEBRA, Suiza.
Se celebra en Ginebra la sesión 29 del Consejo de Derechos Humanos, del 15 de junio al 3 de julio. Como una corriente de aire fresco que renueva los ambientes o una recuperación de humanidad, se han oído días atrás los debates en torno a las migraciones y el coste de sus largas travesías. Se ha hablado de dignidad, se ha reconocido el valor de las personas, se han puesto nombre a las causas que generan estas huidas masivas hacia lo desconocido; se han analizado las políticas en marcha y sobre todo, se ha hablado de cambios, los que tienen que acontecer en todos nosotros y en cada uno/a.
Poco tiempo, mucha intensidad
En la apretada agenda del Consejo de Derechos Humanos (HRC), una de las convocatorias más cortas del año (15 de junio al 3 de julio), han presentado varios de los Relatores Especiales sus informes anuales, a los que siguen habitualmente largos debates. Entre ellos contamos con temas tan importantes como: Libertad de asociación, independencia de los abogados y jueces, violencia contra las mujeres, sus causas y consecuencias, derecho a la Educación, extrema pobreza y DDHH, libertad de expresión y de opinión, etc. Pero de todo este conjunto, uno de los temas más vivos y comprometidos en este momento, ha sido el de los migrantes, a la luz de los últimos acontecimientos. Algunas voces muy significativas, como la del Alto Comisario para los DDHH, el jordano Sr. Zeid Ra’ad Al Hussein, en su discurso de apertura de esta 29 sesión, y el Relator Especial para los migrantes, el canadiense François Crépeau, han dado la vuelta al tema hacia zonas verdaderamente comprometidas. En la misma línea, varios side events (actividades en paralelo organizadas por ONGs con estatus en la ONU) han celebrado debates sobre el tema, como el promovido por la Santa Sede titulado: Migration and Integration (Migración e Integración) que destacó por la calidad y humanidad de las aportaciones que en él se ofrecieron; la Iglesia católica ha apostado fuertemente por este tema.
Nuevos enfoques, nuevos derechos
En todo este discurso, el vuelco ha sido hacia la positividad; los inmigrantes son personas con coraje, capaces de arriesgarlo todo en la búsqueda de mejores condiciones de vida para ellos y sus familias. Saben que lo seres humanos están dotados de dignidad y eso les impulsa a salir, a buscar. Son personas resilientes, capaces de hacer del dolor oportunidad, aunque ese dolor en el que tenemos parte debe hacernos reflexionar; no están privados de derechos sino que son depositarios de los mismos, como cualquier otro ser humano; no hay que aislarlos creando barreras, sino permitir los flujos migratorios propios de este tiempo de globalidad creando canales habituales de migración, etc.
“Tengan o no tengan Visas -expresaba el Alto Comisario-, son personas con los mismos derechos que nosotros hoy. Tienen rostros jóvenes o mayores, mujeres y hombres, y niños, acompañados o, en muchos casos, separados de sus padres. Huyen de las atrocidades, luchan contra la pobreza, se alejan de lugares que carecen incluso de los servicios básicos y donde no existe la ley. Estoy espantado y avergonzado de la frecuente demonización de los inmigrantes a los que vemos en muchos países, cuya gente se beneficia de la prosperidad, la paz y la comodidad. Os invito a todos a oponeros a esta peligrosa tendencia”.
“También me opongo lo más fuertemente posible a la consideración de los inmigrantes como una carga. Al contrario, en cuanto trabajadores, consumidores y pagadores de tasas, contribuyen al crecimiento económico de todas las sociedades, como tantos estudios han demostrado”. Naciones Unidas
Al final del debate que siguió a la presentación de aportaciones, la italiana Flavia Peniseri, Vicepresidenta del OHCHR (Alto Comisariado), hizo notar el número elevado de Estados miembros que habían intervenido y dijo: “No hay una sola voz que cuestione el hecho de que los migrantes sean seres humanos con derechos. Es un imperativo moral reconocérselos”.
Hacia el reconocimiento de los derechos
El tema de las barreras y del aislamiento de Europa ha tocado techo; la presión migratoria es tal (agravada por las guerras), que las personas arriesgarán todo por encontrar un horizonte para sus vidas. El encarcelamiento de los inmigrantes, frecuentemente en condiciones infrahumanas, o su confinamiento sine die en campos de refugiados, es una clara violación de sus derechos, pues no son delincuentes; niños separados de sus padres sin acceso a la escuela, lo es así mismo, por lo tanto, las soluciones han de venir por otras vías. ¿Cuáles serían? Hay que buscar una respuesta global.
“Cuando la gente no puede usar los canales establecidos para escapar de la opresión, la violencia y la desesperación económica, intentan, a la desesperada, encontrar otros (canales) irregulares. Esto no los criminaliza; esto no les quita el derecho de ser tratados como personas, al contrario, su vulnerabilidad grita por humanidad, (pide) un acercamiento que está motivado por el respeto a su situación y a sus derechos fundamentales en cuanto seres humanos”. Zeid Ra’ad Al Hussein. Debate sobre los derechos de los migrantes. HRC, Sesión 29.
Los hechos sucedidos en el Mediterráneo muestran que el sistema no es sostenible; La migración es una vieja parte de la condición humana y en el mundo globalizado y marcado por los conflictos, es inevitable. (Tomado al oído de François Crépeau)
La solución que aparece en el horizonte es la de buscar un marco común al problema de los migrantes basada en el derecho de todos (derechos y deberes) y en los principios de equidad y no discriminación, sabiendo que hay diferencias entre ellos: están los que buscan trabajo, los que simplemente huyen y buscan asilo, los que van a ser regularizados a corto plazo, pues emigran hacia ofertas concretas de trabajo en determinados países, y los llamados “sin papeles”.
“Cuando los migrantes se ven como igualmente depositarios de derechos, el deber de protegerlos en todos los estadios del proceso de migración surge espontáneamente”. François Crépeau. Informe Anual, 2015.
Berta Marco, corresponsal



