MUNICH, Alemania.
Elisabeth Münzebrock, desde Munich, Alemania, comparte sus impresiones ante el masivo éxodo de refugiados de Siria que llegan a Europa huyendo del horror de la guerra y de la expansión del llamado Estado Islámico. Se trata del mayor flujo migratorio desde la II Guerra Mundial. Solo entre el 1 de enero y el 1 de septiembre de 2015, han llegado a las costas europeas más de 350.000 personas. Viajan en condiciones infrahumanas.
Bienvenidos a Munich

¡No se engañe nadie!… las imágenes emocionantes del “welcome” en la estación central de Munich han pasado, y ahora los ciudadanos, el Land de Baviera y el Gobierno de la República Federal, se preguntan: ¿hasta cuándo llegarán diariamente miles de refugiados al “país prometido” como ellos consideran a Alemania?
Al tiempo, desde hace una semana, quienes vivimos en la capital bávara no salimos de nuestro asombro al ver el júbilo en los rostros de los niños que llegan, agotados, muertos de hambre y sed, en los trenes que llegan sin tregua a la estación. No cabe duda, en el fondo del corazón se graban estos ojos expresivos en los que se va formando una sonrisa tímida, mientras que “los enanitos" se agarran a los ositos de peluche que les tendemos los que les esperamos.
También se graban estas otras imágenes crueles, inhumanas, de las afueras de Budapest, donde apalean a los refugiados, los tiran de los trenes super-llenos, sin misericordia e insensibles a tanta tragedia humana.
Nos preocupa este “rostro (in)humano de esta Europa, que -según dicen- debe su existencia a valores como “lo verdadero, lo bello y lo bueno”, a la empatía, como indica su nombre, y no digamos a los valores del Cristianismo. De manera consecuente el actual Papa pide, mendiga y proclama un “Año de la misericordia”.
Mientras que en las afueras de las grandes ciudades europeas del oeste se acumulen estas masas casi incontrolables, porque el “grupo de Vishegrad” (Hungría, República Checa, Polonia y Eslovaquia) se niega rotundamente a acoger con los mínimos estandards humanos a los que llegan agotados y desesperados después de semanas y días de arrastrarse rumbo “Alemania”.
¿Podremos acoger a tantas personas, día tras día?...
Mirando con realismo las situaciones geopolíticas de nuestra Europa, debemos constatar que no habrá ni lugar, ni posibilidad, de ofrecer gratis un estandard de vida como lo vivimos desde hace décadas...
Y hay voces que recuerdan los peligros de este “paseo de los pueblos” del Irak, Libia y Siria hacia nuestro continente..
En mi tierra (Alemania) aumenta el miedo de que con los refugiados puedan introducirse también terroristas y afiliados del IS. Los expertos argumentan sin embargo en contra de este miedo, que el verdadero peligro son los que han dejado Alemania y otros países europeos para asociarse en Siria o en Irak al Djihad. Hablamos de miles de personas con documentos de identidad europeos que pueden infiltrarse tranquilamente. Solo en Alemania han vuelto 730 de estos “peligrosos” (muchos no están registrados) En el caso de España ha trascendido que hay pasaportes “en blanco” que el IS ha robado. También ha circulado la noticia de que han sido enviado luchadores camuflados como refugiados.
Mientras escribo estas impresiones las noticias en la Radio y TV se repiten informando que Munich ha llegado al tope de sus capacidades de acoger refugiados, que desde hace diez días llegan por miles. Ya no hay disponibilidad de autobuses ni de trenes para el transporte de estas masas a otras partes de la República Federal. El caos se completará la semana que viene, porque otras miles de personas querrán llegar al Oktoberfest, la gran fiesta popular internacionalmente conocida… Ouff!
Por su parte las dos grandes Iglesias (la católica y la protestante) están ayudando al unísono con llamadas a la generosidad de sus fieles y con gestos impresionantes. ¡Esto si es “ecumenismo vivido”!
¿Qué podemos hacer?
Gente como tú y yo… las mayorías absolutas de nuestros países no tenemos que tener miedo a que esta “invasión musulmana” nos venga a inundar o someter, en esta Europa que poco a poco se ha alejado de sus raíces cristianas. Sin embargo constatamos que se ha guardado en el hondón del alma valores como la solidaridad, la capacidad de acoger, la espontaneidad del que acude sin prejuicios ni falsos temores a estas “ágoras” de la misericordia, donde no hacen falta discursos eruditos sobre el meollo de la esencia cristiana, sino donde únicamente sirve el lenguaje del corazón. Y este lenguaje lo podemos aprender todos: dar de nuestro tiempo para enseñarles el idioma del país, regalarles algo de nuestro tiempo para acompañarles a las oficinas de migración, proporcionarles lo inmediato: pañales para los bebés, fruta, agua, sandwiches, artículos de higiene, ropa. Sin olvidar dulces y juguetes para más pequeños, recordando, las palabras de Jesús: “lo que hagáis a estos pequeños, a mí me lo habéis hecho”.
©Elisabeth Münzebrock, Munich



