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GUATEMALA, Guatemala.

"Jóvenes misericordios@s como el Padre", fue el lema con el que la Institución Teresiana de Guatemala convocó a una Jornada el pasado 18 de diciembre, con el objetivo de ofrecer a jóvenes un espacio de oración, reflexión y celebración, desde la palabra de Dios. En la convocatoria también se ha motivado a constituir un grupo de jóvenes de la Institución Teresiana, donde continuar su formación.

El encuentro estuvo animado por la comisión de jóvenes formada por miembros de la Institución Teresiana (IT). Contó además con la valiosa colaboración de Elisa Estévez, consejera general de la IT, para el tema de reflexión y la propuesta de oración.

Participaron treinta y cuatro jóvenes de entre 18 a 30 años, procedentes de distintos lugares del país. El encuentro se inició con una dinámica de presentación en la que compartieron motivaciones: “Sentir la presencia de Dios desde la oración y otras actividades. Compartir y conocer a más jóvenes que buscan de Dios. Acercarme más a Dios en estos momentos tan difíciles de mi vida. Acercarme a Jesús, tener un encuentro personal con Él y que esto me ayude a descubrir la manera de servirle y dar testimonio de su grandeza. Ser parte de un grupo de jóvenes que buscan de Dios”, son algunas de las expresiones.  

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Elisa Estévez propuso a los jóvenes tres iconos de misericordia, a partir de los cuales reflexionó: el padre bueno, el buen samaritano y el dueño de la viña que contrata trabajadores a distintas horas del día. Partió de la invitación a vivir la jornada como oportunidad de preguntarse delante del Señor, cómo ser para otras personas rostro de la misericordia de Dios al estilo de Jesús, que en sus gestos y con todo su ser, revela la misericordia de Dios. También interpeló al auditorio a salir y buscar a los otros, aproximándose y a reconocer la llamada a recibirlos y acogerlos desde la actitud de mirar y dejarse mirar. Finalmente hizo la invitación a dejarnos sorprender por la gratuidad desbordante de Dios.

Tras la exposición, Elisa Estévez sugirió realizar un tiempo sereno de oración personal con el icono del padre bueno. Propuso una pauta para entrar en el silencio y la interiorización: comenzar por preparar el encuentro para después entrar en el texto a través de cada uno de los personajes, el padre, el hijo menor y el hijo mayor, mirando sus acciones, escuchando sus palabras, intuyendo sus sentimientos, imaginando sus gestos… dejando que todos ellos calaran en el interior… para acoger su resonancia en el corazón y preguntarse cómo y cuándo en la vida somos padre, hijo menor o hijo mayor. Situarnos también junto a los personajes en este momento de nuestra vida. Para terminar la oración propuso tener un diálogo con Jesús sobre las invitaciones recibidas a llevar lo experimentado a la vida cotidiana. Al concluir se hizo un breve examen personal de la oración a través de preguntas sencillas para descubrir qué ayudó a entrar y permanecer en la oración así como los sentimientos y movimientos experimentados al percibir lo que Dios había comunicado en el tiempo de oración.

En grupos pequeños, cada persona compartió lo más significativo. Hubo mucha profundidad en la comunicación. Dios se había dejado sentir remitiendo a las propias experiencias de vida.

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Después tuvo lugar la Eucaristía con la presentación ante el altar de un colorido tapiz llevado por los presentes, que portaba los también coloridos símbolos, expresión personal de la experiencia. ¡Era el momento de celebrar cómo Dios se había hecho presente en nuestras vidas! Celebrar y ser enviados/as a sembrar en nuestro mundo la gratuidad, la acogida y la misericordia, con un compromiso renovado en el seguimiento de Jesús. Este envío fue simbolizado con unas semillas de maíz y frijol, granos básicos de nuestro pueblo, que cada persona acogió y a su vez entregó para recibir las de otra persona, como signo de comunión en la misión.

Antes de la despedida los participantes fueron invitados a continuar y profundizar la experiencia a través de un proceso de crecimiento personal, profundización en la fe y conocimiento de la Institución Teresiana, tanto en la ciudad de Guatemala como en Quetzaltenango, donde la Institución desde hace un año está presente. Quedó abierto también un grupo en facebook donde seguir la comunicación. La alegría ante la posibilidad de volverse a encontrar fue manifiesta.

Las expectativas del encuentro fueron cubiertas con creces, tal y como quedó de manifiesto en una dinámica final en la que se presentaron expresiones de gratitud, hondura, fe, alegría, encuentro, empatía, impulso, entre otras.

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La Institución Teresiana en Guatemala ha hecho la convocatoria para realizar a lo largo del nuevo año de 2017, a jóvenes que desean descubrir la propia vocación en la construcción del Reino y para quienes el carisma de Poveda puede ser un camino y una mediación.

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