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ROMA, Italia, 12/10/2012.
Cincuenta años después, la Iglesia reabre algunos debates e interrogantes presentes en aquel gran acontecimiento que fue el Concilio Vaticano II. El mundo contemporáneo, en particular occidente, ha vivido cambios acelerados y profundos que han modificado las tramas culturales, haciéndose muchas veces, ajenas a la experiencia creyente. Al tiempo, han salido a la luz graves situaciones en el seno de la Iglesia católica. Su significativad en la sociedad ha descendido.

Lo cierto es que en nuestro tiempo se ha desdibujado el mapa de las convicciones profundas y de la fe. El Papa Benedicto XVI ha dicho que los Padres conciliares se habían abierto al diálogo con el mundo moderno porque estaban seguros de su fe, de la roca firme sobre la que se apoyaban. “En cambio, en los años sucesivos, -dijo -muchos aceptaron sin discernimiento la mentalidad dominante, poniendo en discusión las bases mismas del 'depositum fidei', que desgraciadamente ya no sentían como propias en su verdad”.

Tras la constatación de obstáculos en la cultura para anunciar el Evangelio y de no pocos síntomas de crisis de fe, incluso en el seno de la propia Iglesia, el quinto Papa después del Concilio Vaticano II, ha convocado a un Año de la Fe y ha invitado a renovar y repensar la nueva evangelización para la transmisión de la fe. “Mientras que en el pasado era posible reconocer un tejido cultural unitario, ampliamente aceptado en su referencia al contenido de la fe y a los valores inspirados por ella, hoy no parece que sea ya así en vastos sectores de la sociedad, a causa de una profunda crisis de fe que afecta a muchas personas. No podemos dejar que la sal se vuelva sosa y la luz permanezca oculta (cf. Mt 5, 13-16)” afirma Benedicto XVI en la carta Porta Fidei (la puerta de la fe) (cf. Hch 14, 27).

La invitación que ha hecho el Pontífice, junto con reflexionar sobre la fe y su transmisión, es renovar la experiencia creyente personal y comunitaria desde de la caridad, el testimonio y la conversión profunda en Jesucristo y su Evangelio.

La Institución Teresiana, como Obra de la Iglesia, acoge la invitación del Papa y se dispone a vivir una etapa de renovación e impulso evangelizador al iniciar su segundo siglo de existencia.

Maite Uribe, Directora General, en una de sus primeras actuaciones, ha participado en los actos de proclamación del Doctorado de san Juan de Ávila y de santa Hildegarda de Bingen y en la apertura del Sínodo de obispos sobre “Nueva evangelización y transmisión de la fe”. En Roma, ha concedido algunas entrevistas periodísticas en las que ha expresado el interés que suscitan en la Institución estos acontecimientos, como oportunidad para vivir más radicalmente la espiritualidad de Encarnación: “Porque no se puede transmitir ni comunicar lo que no se vive”.

De acuerdo con el espíritu del Concilio Vaticano II, la Directora General de la I.T., cree que es necesario volver a las raíces originarias del Carisma, recreándolas en el contexto cultural actual, sin perder los elementos irrenunciables de la identidad. Además ha expresado que, como parte de la comunidad cristiana, la Institución Teresiana quiere contribuir de modo específico en la evangelización, a través de procesos educativos y formativos que provoquen una transformación en las personas y en las sociedades; “si esto no es así, no estaremos haciendo lo que es nuestra aportación”.

Acción de gracias por el Doctorado de Juan de Ávila

Los sesenta y dos obispos españoles, cientos de sacerdotes y seminaristas, además de casi dos mil peregrinos llegados desde España, celebraron en el altar mayor de la Basílica de san Pedro, una eucaristía de acción de gracias por la proclamación de san Juan de Ávila, doctor de la Iglesia universal. Presidió el Card. Antonio María Rouco Varela, arzobispo de Madrid y presidente de la Conferencia Episcopal Española. La monición de entrada fue realizada por Mª Encarnación González postuladora del Doctorado de san Juan de Ávila.

Asistieron a la celebración Maite Uribe, Directora General de la Institución Teresiana, las exdirectoras, Loreto Ballester y Aránzazu Aguado. Junto a ellas Mª José Gallego y Laura Moreno.

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