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MADRID, España.
Veinticuatro jóvenes vivieron una experiencia de silencio, oración y conexión con ellos mismos, el fin de semana del 13 y 14 de abril, 2013, en el taller de “Meditación y Oración” animado por Elia Fleta y organizado por Acit Joven. Fue en Galapagar, municipio al noroeste de Madrid.  

0430-1“En el taller aprenderemos a meditar de tal manera que nos ayude en nuestra oración y trabajo cotidiano”, se decía en la convocatoria. Se recordaba que “Santa Teresa llama a la imaginación 'la loca de la casa' y nos recomienda en las Moradas que no le hagamos caso y 'dejemos andar esta tarabilla de molino [una pieza de madera cuya principal función era hacer un ruido constante, simplemente para indicar que el molino estaba funcionando] y molamos nuestra harina, no dejando de obrar la voluntad y entendimiento'".

Maite Uribe, directora de la Institución Teresiana, hizo referencia a esta experiencia de jóvenes, en su intervención durante las celebraciones por el centenario de la presencia de la Institución Teresiana en Linares, el pasado 27 de abril.

"Creemos en las personas, en cada persona", dijo Maite Uribe. “En lo más profundo de la vida de cada persona Dios ha puesto su riqueza. Esta apuesta por la riqueza que hay en cada persona, se traduce en compromisos y en hechos muy concretos, de los que voy a señalar algunos: En Madrid, hace unos días, Acit Joven ofrecía, para jóvenes que se forman como creyentes, un fin de semana dedicado a la oración en silencio, con momentos de compartir, 'sin móviles', ayudando a una escucha honda en el interior de cada uno y en lo más profundo de nuestro mundo. (...)

0430-2En ellos queremos favorecer las condiciones que ayuden a las personas a un encuentro con Dios, y a descubrir una fe que compromete la vida cotidiana. Es lo que Pedro Poveda expresaba cuando se refería a Jesús como `base de todo progreso moral y material´”.

En el taller se abordaron problemáticas actuales que experimentan jóvenes y adultos: “Muchas veces al ponernos a orar nos damos cuenta que tenemos una mente mal educada de la que surgen pensamientos de toda índole que nos sacan continuamente de nuestra concentración. Frecuentemente nos encontramos con dificultades para hacer silencio, para conectar con nosotros/as mismos/as. Rezar resulta difícil porque no sabemos hacer silencio o nos imaginamos que hacer silencio es dejar de pensar, lo cual es imposible. También añoramos que nuestro cuerpo participe en la oración relajándose y tomando una postura que nos ayude, y sin embargo va por su lado.
Y que nos puede ocurrir al leer el Evangelio y no enterarmos de lo que sucede en el pasaje ni lo que Jesús nos quiere decir hoy y nos preguntamos cómo conectar lo que nos dice con nuestra vida”.

De ahí que los objetivos propuestos eran:

  • Conocer una forma de meditación que nos puede ayudar a hacer silencio, escucharnos y profundizar en la oración.
  • Aprender a relajarnos y silenciarnos, poniendo nuestra mente y corazón en el momento presente antes de orar.
  • Conocer y experimentar la intervención del cuerpo en la oración. Aprender a escuchar nuestro cuerpo, nuestra mente y nuestro espíritu, sabiendo poner nombre apropiado a lo que nos pasa.
  • Llegar a la Paz interior sin distracciones, donde se realiza el encuentro con  Dios en nosotr@s.
  • Encontrarnos con el Jesús del Evangelio, escuchándole en profundidad intentando llevar su mensaje a la vida.

“La mañana del sábado se dedicó principalmente a aprender a respirar, hacer silencio, y relajar el cuerpo, para posteriormente hacer varios ejercicios de visualización. Entre estos espacios de visualización realizamos una con la aplicación de los cinco sentidos al texto del evangelio de la eucaristía del domingo. Las puestas en común, la eucaristía del sábado cerraron un día completo que tuvo su complemento en el trabajo de meditación-oración del domingo con el texto del joven rico (Mateo 19, 16-22)”, expresaron las organizadoras.

Testimonios de los jóvenes

0430-3“Conexión. Esta es la palabra que mejor resume mi experiencia durante el taller de meditación-oración. Durante el viaje de vuelta, me preguntaba cuánto tiempo empleamos al día en estar conectados a muchas cosas que realmente no nos aportan nada y el poco tiempo que le dedicamos a conectar con nosotros mismos, a guardar silencio y a buscar esa conexión con Jesús. Para mí, fueron dos días intensos en los que he aprendido que de la misma manera que necesitas concentrarte para estudiar, también es necesario hacerlo antes de rezar. Como Elia nos comentó, la meditación es un atrio para la oración. No podemos orar bien si al mismo tiempo estamos pensando en mil cosas.

Otra palabra es Compartir. Compartir lo vivido, compartir la experiencia. El sacerdote nos dijo en la eucaristía que un cristiano nunca se aisla, que siempre debe formar parte de una comunidad. Ese fin de semana me sentí parte de una comunidad, porque todos los que allí nos encontramos tenemos un objetivo común: vivir la fe y compartirla”. 

"Llevo tiempo diciéndome a mí misma que es importante dedicar tiempo a la meditación y la oración. En estos dos días de taller me he dado cuenta que no es tan difícil ponerse a ello y dejar que se acalle la mente para abrir el corazón. Ahora, también he aprendido que hace falta perseverancia y no esperar una respuesta inmediata. La experiencia, compartida e iluminada con otros compañeros de viaje, ha sido una pequeña 'cata', un primer paso de este largo y apasionante camino y me ha impulsado a buscar espacios de meditación y oración en mi vida cotidiana para seguir ahondando en el encuentro con Dios y con mi verdadero interior".

“Podría decirse que, más allá del gozo de poder compartir un fin de semana de silencio con los compañeros de AJ, el taller de meditación de Galapagar ha funcionado en mí como un despertador. Últimamente han pasado los días sin que haya hecho en mi vida un hueco significativo para el silencio y la escucha de la palabra de Dios, más allá de ocasiones señaladas (como la Semana Santa) o las reuniones de grupo. El fin de semana de oración me ha hecho recordar (y también podría decir, añorar y desear) la necesidad de buscar espacios cotidianos, personales y comunitarios, para ir desocupando el corazón de trastos viejos e ir dejando sitio para Dios”.

“Yo iba pensando en cómo iba a ser aquello, si mi espalda iba a aguantar... Y comenzó. Fue algo increíble, poder vaciar la mente de preocupaciones y de distracciones por un momento; y encontrar la paz y la serenidad en esos momentos de meditación... Hasta entonces el silencio para mí era fastidioso, molesto [por ser sorda]. Pero allí ese silencio era pacífico, calmado, cómodo. Y enseguida se me pasó la mañana y la tarde entre las meditaciones y las sesiones en grupo para compartir lo vivido... No me olvido de la eucaristía, celebrada al estilo antiguo, de los primeros cristianos, en el suelo y con cojines, compartiendo algo tan familiar para mí. Y me fui de allí feliz”.

0430-6“Esta última experiencia de interiorización de la oración ha seguido transformando nuestra trayectoria ahora como grupo de militantes. Nos hemos dado cuenta de lo importante que es hacer silencio en nuestras vidas. Pero no un silencio de introducirse tapones en los oídos y dejar de escuchar alrededor; sino un silencio tanto exterior como interior: un silencio reparador que nos haga ser más conscientes de la vida a nuestro alrededor y nos una más a Dios. El aprender a orar es aprender a cuidar y a sosegar el espíritu y aunque sabemos lo importante que es y lo bien que salimos de estos encuentros con nosotros mismos y con Dios, muchas veces no perseveramos en ello y no dejamos que Dios nos toque el corazón. Para mí personalmente se vuelve particularmente importante no sólo el hecho de haber orado, sino el haber compartido. ¿Qué buscaba entonces, cuando decidí inscribirme en este Encuentro de Oración? Pues la verdad es que no estoy muy segura de qué buscaba, pero sea lo que sea lo he encontrado, pues puedo asegurar que ha sido una experiencia fortificante de fe y me ha servido para darme cuenta de que el simple hecho de buscar, aunque no sepas qué estés buscando, también es una forma de responder a la llamada que Dios me hace”.

"No podía imaginar que con unas palabras, lecturas y música, yo pudiese llegar a hacer silencio en mi misma, escucharme por dentro y escuchar a Dios, relajarme y dejar la mente libre de problemas y preocupaciones, dejando actuar al cuerpo orar como en ese momento necesitase". 

"He de reconocer que eso de 'meditar' puede parecer lejano, e incluso irreal. Con todas las cosas que tenemos que hacer a lo largo del día, ¿es que acaso queda tiempo libre para dedicarse a sí mismo? Yo llegaba sumergida en un vórtice de responsabilidad y trabajo, el cual me eximía de todo derecho a escuchar mis necesidades, pues había otras cosas más importantes y prioritarias que atender. Doy gracias a Dios porque Acit Joven hace tiempo que se situó en un puesto alto en mi lista de prioridades… Sólo de este modo permití, sin rechistar un instante, que Elia Fleta apareciera en mi vórtice personal e introdujera árboles, pájaros y ríos corriendo. Paradójicamente, el silencio me hizo levantar la cabeza y atender, tanto al exterior como al interior. A ese montón de personas llegadas cada una de una parte de España, puestas por Dios ahí, contigo, justo en ese instante. Y a ti misma, exclamando sentimientos, realidades y necesidades. ¿Estuvo esa voz ahí todo el rato? ¿En qué momento el día a día la acalló…? Como quien recupera el sentido del oído de repente, me quedo con las voces que había a mi alrededor. Las voces de esas personas que te ayudan a ver lo bueno que siempre tiene la vida. Y la voz de Jesús, repitiéndote lo mismo una y otra vez, incansablemente, hasta que le escuchas. No sé cómo no se cansa conmigo… 'Déjate llevar'. Gracias por recordarme que somos pura necesidad… y no es malo".

 Información de Acit Joven

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