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CIUDAD DEL VATICANO, Italia.
Más de doscientos cincuenta mil personas, muchos de ellos representantes de aproximadamente ciento cincuenta Movimientos, Asociaciones y Comunidades laicales, de diferentes países, participaron en la plaza de San Pedro, en las Jornadas dedicadas a estas realidades eclesiales, presididas por el Papa Francisco. La convocatoria, en la que participó un grupo de la Institución Teresiana, tuvo lugar en el marco del Año de la Fe, los días 18 y de 19 de mayo 2013.

0523-2El arzobispo Rino Fisichella, presidente del Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización, habia convocado bajo el lema: "¡Yo creo! Aumenta en nosotros la fe”.

La Plaza de San Pedro resultó pequeña, la multitud alcanzaba toda la via della Conciliazione. Las actividades dieron comienzo el sábado 18 por la mañana, con una peregrinación a la tumba de san Pedro. En grupos de cincuenta personas, pasaron de manera continua desde las 7,00 hasta las 12,00 horas.

Vigilia de Pentecostés

A las 16,00 horas del mismo sábado tuvo lugar la Vigilia de Pentecostés. El icono de la Virgen, en la advocación de “Maria Salus Populi Romani” recorrió la plaza en alto, llevada por jóvenes. Tras el saludo al Papa por el arzobispo Fisichella, se entronizó. A continuación el Papa Francisco introdujo la oración y se entonó el himno “Veni Creator Spiritus”.

0523-4Posteriormente se ofrecieron algunos testimonios: El periodista y escritor irlandés, John Water contó su conversión personal: Se había alejado de la Iglesia creyendo que la fe era incompatible con su búsqueda de libertad hasta que comprendió que “ese deseo de libertad, ese deseo de la grandeza de Dios no era un concepto abstracto sino que formaba parte  de mi propia esencia y naturaleza, que el conocer a Cristo es, también, conocerme a mí mismo, entender como soy y llegar a ser libre”.

También Paul Bhatti, hermano de Shahhaz Batti, ministro pakistaní asesinado a los 43 años, hizo partícipe a los presentes de la experiencia sobre la vivencia de fe vivida por cristianos pakistanís y como, “siendo una minoría, como discípulos de Jesús, quieren ser personas de paz, en diálogo con los hermanos musulmanes y de otras religiones, quieren testimoniar con el amor y la misericordia, la fe en Jesús”.

A las 17,30 horas el Santo Padre comenzó a recorrer, en jeep, la plaza de San Pedro y la Via de la Conciliazione. Durante más de 30 minutos saludó y sonrió a cuantos encontraba a su paso. “Su presencia y sus gestos le hacen cercano y encienden esperanzas”, expresaban en la plaza.

Durante el acto, el Papa respondió cuatro preguntas. “Conocía sus preguntas… es la verdad”, confesó el Papa. Sin embargo las respuestas mantuvieron una frescura y espontaneidad que atrapan. Los presentes las acogían con atención profunda y silenciosa.

P. ¿Cómo alcanzó la certeza de la fe, y cómo vencer la propia fragilidad?
S.S. He recibido el primer anuncio cristiano de mi abuela, es bellísimo esto, el primer anuncio en casa, con la familia ¿no? Y esto me hace pensar en la misión de tantas madres, tantas abuelas. Son ellas las que transmiten la fe. También en los primeros tiempos, porque San Pablo decía a Timoteo: “Yo recuerdo la fe de tu madre, la fe de tu abuela”. Todas las madres que están aquí, todas las abuelas, piensen a esto: transmitir la fe. Porque Dios nos pone al lado personas que ayudan en nuestro camino de fe.

Nosotros no encontramos la fe en lo abstracto. No, es siempre una persona la que predica, que nos dice quién es Jesús, que te da la fe, que te da el primer anuncio, y esta ha sido la primera experiencia de fe que he tenido.

Pero hay un día para mi muy importante: el 21 de septiembre de 1953 tenía casi 17 años, era el día del estudiante, para nosotros, el día de la primavera, para ustedes el día de otoño, y antes de ir a la fiesta pasé por la parroquia a la que asistía, y encontré a un sacerdote al que no conocía y sentí la necesidad de confesarme, y esta fue para mi una experiencia de encuentro, he encontrado alguien que me esperaba. No sé que pasó, no me acuerdo, no sé porque ese sacerdote estaba allí o porque he sentido esa necesidad de confesarme, pero la verdad es que alguien me esperaba, me estaba esperando desde hacía tiempo y después de la confesión sentí que algo había cambiado. Yo no era el mismo, había sentido una voz, una llamada. Me convencí que debía convertirme en sacerdote, y esta experiencia en la fe es importante.  

Alguien dirá, no, yo prefiero estudiar la fe en los libros. Es importante estudiarla pero mira con eso sólo no basta: lo importante es el encuentro con Jesús, el encuentro con Él, porque es justamente Él el que la da.

P. ¿Cuál es la cosa más importante que debemos hacer? «¿Qué es lo más importante? 
S.S. “Si vamos adelante con la organización, pero sin Jesús, no avanzamos». Invita a vivir en sinergia con el Espíritu Santo. Más que hablar, testimoniar con la coherencia de vida”.

P. ¿Cómo vivir una iglesia pobre y para los pobres? ¿Qué contribución dar a la iglesia y a la sociedad en esta crisis que daña la ética pública?
0523-6S.S. “Vivir el Evangelio es la principal contribución que podemos dar. La iglesia no es un movimiento político, ni tampoco es una estructura bien organizada. No somos una ONG, y cuando la iglesia se convierte en una ONG pierde la sal, no tiene sabor, es solo una organización vacía”.

El encerrarse conduce a la enfermedad: “La iglesia debe salir de sí misma hacia las periferias existenciales”. Es un riesgo salir, pueden acaecer accidentes, pero: “Prefiero mil veces una iglesia accidentada que una iglesia enferma por estar cerrada en sí misma. ¡Salgan fuera, salgan!”. Es la invitación del Papa para salir de la cultura del desencuentro y de la fragmentación, de la “cultura del descarte”, para vivir en cambio la cultura del encuentro con el otro; con Jesús y con todos los hermanos, comenzando por los más pobres, mirándolos a los ojos y tocándoles la mano, para “tocar la carne de Cristo, tomar sobre nosotros el dolor de los pobres”.

P. ¿Qué hacer, qué más puedo hacer para confesar la fe, cuando tantos hermanos sufren por la fe?
S.S. “Para anunciar el Evangelio se precisan dos virtudes: el valor y la paciencia”, como recordó también el testimonio del hermano de Shabhaz Bhattí, el ministro paquistaní asesinado en el 2011. Estamos todos en camino hacia el martirio: está el que da la vida testimoniando a Jesús, y está quien vive los pequeños martirios cotidianos. Un cristiano debe saber siempre responder al mal con el bien. Tratemos de que estos hermanos y hermanas sientan que estamos profundamente unidos en esta situación. ¿Ustedes rezan por estos hermanos y hermanas en la oración de cada día?”. El martirio es el grado más alto de testimonio que debemos dar. Y nos invita a promover la libertad religiosa para todos".

Después de responder las preguntas, el Papa, lanzó a la muchedumbre una pregunta: ¿Estáis dispuestos a vivir y a morir por la fe?

Celebración de Pentecostés

0523-7La fiesta de Pentecostés fue celebrada el domingo 19 por la mañana, también en la plaza de san Pedro, colmada. Participaron en los ministerios de la eucaristía representantes de algunos de los movimientos y asociaciones.

En la homilía, el Papa reflexionó sobre tres palabras clave del acontecimiento de la efusión del Espíritu sobre la Iglesia: Novedad, armonía y misión.

“Los Apóstoles, reunidos en Jerusalén, sintieron un estruendo que vino del cielo, «como de viento que sopla fuertemente», y «lenguas como llamaradas», que se posaban encima de cada uno de ellos. Signos claros y concretos que tocan a los Apóstoles, no sólo exteriormente, sino también en su interior: en su mente y en su corazón. Asistimos, entonces, a una situación totalmente sorprendente: una multitud se congrega y queda admirada porque cada uno oye hablar a los Apóstoles de las grandezas de Dios en su propia lengua”, comentó el Santo Padre sobre el relato de los Hechos de los Apóstoles.

Novedad

Sobre la novedad, dijo: “Nos da siempre un poco de miedo, porque nos sentimos más seguros si tenemos todo bajo control, si somos nosotros los que construimos, programamos, planificamos nuestra vida, según nuestros esquemas, seguridades, gustos. Y esto nos puede suceder también con Dios. Con frecuencia lo seguimos, lo acogemos, pero hasta un cierto punto. Nos resulta difícil abandonarnos a Él con total confianza, dejando que el Espíritu Santo anime, guíe nuestra vida, en todas las decisiones; tenemos miedo a que Dios nos lleve por caminos nuevos, nos saque de nuestros horizontes con frecuencia limitados, cerrados, egoístas, para abrirnos a los suyos.

Pero, en toda la historia de la salvación, cuando Dios se revela, aparece su novedad  —Dios ofrece siempre novedad—, trasforma y pide confianza total en Él: Noé, del que todos se ríen, construye un arca y se salva. Abrahán abandona su tierra, aferrado únicamente a una promesa. Moisés se enfrenta al poder del faraón y conduce al pueblo a la libertad. Los Apóstoles, de temerosos y encerrados en el cenáculo, salen con valentía para anunciar el Evangelio. No es la novedad por la novedad, la búsqueda de lo nuevo para salir del aburrimiento, como sucede con frecuencia en nuestro tiempo.

La novedad que Dios trae a nuestra vida es lo que verdaderamente nos realiza, lo que nos da la verdadera alegría, la verdadera serenidad, porque Dios nos ama y siempre quiere nuestro bien. Preguntémonos hoy: ¿Estamos abiertos a las “sorpresas de Dios”? ¿O nos encerramos, con miedo, a la novedad del Espíritu Santo? ¿Estamos decididos a recorrer los caminos nuevos que la novedad de Dios nos presenta o nos atrincheramos en estructuras caducas, que han perdido la capacidad de respuesta? Nos hará bien hacernos estas preguntas durante toda la jornada”.

Armonía

“Una segunda idea, continuó el Papa, es que el Espíritu Santo, aparentemente, crea desorden en el Iglesia, porque produce diversidad de carismas, de dones; sin embargo, bajo su acción, todo esto es una gran riqueza, porque el Espíritu Santo es el Espíritu de unidad, que no significa uniformidad, sino reconducir todo a la armonía. 

En la Iglesia, la armonía la hace el Espíritu Santo. Un Padre de la Iglesia tiene una expresión que me gusta mucho: el Espíritu Santo “ipse harmonia est”. Él es precisamente la armonía. Sólo Él puede suscitar la diversidad, la pluralidad, la multiplicidad y, al mismo tiempo, realizar la unidad.

En cambio, cuando somos nosotros los que pretendemos la diversidad y nos encerramos en nuestros particularismos, en nuestros exclusivismos, provocamos la división; y cuando somos nosotros los que queremos construir la unidad con nuestros planes humanos, terminamos por imponer la uniformidad, la homologación. Si, por el contrario, nos dejamos guiar por el Espíritu, la riqueza, la variedad, la diversidad nunca provocan conflicto, porque Él nos impulsa a vivir la variedad en la comunión de la Iglesia.

Caminar juntos en la Iglesia, guiados por los Pastores, que tienen un especial carisma y ministerio, es signo de la acción del Espíritu Santo; la eclesialidad es una característica fundamental para los cristianos, para cada comunidad, para todo movimiento. La Iglesia es quien me trae a Cristo y me lleva a Cristo; los caminos paralelos son muy peligrosos. Cuando nos aventuramos a ir más allá de la doctrina y de la Comunidad eclesial – dice el Apóstol Juan en la segunda lectura - y no permanecemos en ella, no estamos unidos al Dios de Jesucristo (cf.  2Jn  1,9). Así, pues, preguntémonos: ¿Estoy abierto a la armonía del Espíritu Santo, superando todo exclusivismo? ¿Me dejo guiar por Él viviendo en la Iglesia y con la Iglesia?”

Misión

Con relación al último punto, el Papa Francisco dijo: “Los teólogos antiguos decían: el alma es una especie de barca de vela; el Espíritu Santo es el viento que sopla la vela para hacerla avanzar; la fuerza y el ímpetu del viento son los dones del Espíritu. Sin su fuerza, sin su gracia, no iríamos adelante. El Espíritu Santo nos introduce en el misterio del Dios vivo, y nos salvaguarda del peligro de una Iglesia agnóstica y de una Iglesia autorreferencial, cerrada en su recinto; nos impulsa a abrir las puertas para salir, para anunciar y dar testimonio de la bondad del Evangelio, para comunicar el gozo de la fe, del encuentro con Cristo.

Saludando al grupo de la Institución TeresianaEl Papa Francisco responde al saludo del grupo de la Institución TeresianaEl Espíritu Santo es el alma de la misión. Lo que sucedió en Jerusalén hace casi dos mil años no es un hecho lejano, es algo que llega hasta nosotros, que cada uno de nosotros podemos experimentar.

El Pentecostés del cenáculo de Jerusalén es el inicio, un inicio que se prolonga. El Espíritu Santo es el don por excelencia de Cristo resucitado a sus Apóstoles, pero Él quiere que llegue a todos. Jesús, como hemos escuchado en el Evangelio, dice: «Yo le pediré al Padre que os dé otro Paráclito, que esté siempre con vosotros» (Jn  14,16). Es el Espíritu Paráclito, el «Consolador», que da el valor para recorrer los caminos del mundo llevando el Evangelio.

0523-8El Espíritu Santo nos muestra el horizonte y nos impulsa a las periferias existenciales para anunciar la vida de Jesucristo. Preguntémonos si tenemos la tendencia a cerrarnos en nosotros mismos, en nuestro grupo, o si dejamos que el Espíritu Santo nos conduzca a la misión. Recordemos hoy estas tres palabras: novedad, armonía, misión”.

Terminada la eucaristía se entonó el “Regina Coeli”. El Papa se despidió diciendo: “Sois un don y una riqueza en la Iglesia… Llevad siempre la fuerza del Evangelio. ¡No tengáis miedo! ¡Tened siempre la alegría y la pasión por la comunión en la Iglesia! El Señor resucitado esté siempre con vosotros y la Virgen os acompañe!

La Institución Teresiana celebra

Por la Institución Teresiana participaron en las Jornadas, Emma Melgarejo, miembro del Consejo de Gobierno, y representantes de la comunidad de Roma. Pentecostés es fiesta grande en la Iglesia, muy celebrada por los miembros y amigos de la I.T. Pedro Poveda quiso dedicarlo especialmente a la Directora General y al Consejo de Gobierno. Por ello la fiesta continuó, como es tradición, en la Sede Central de la I.T. en Roma, compartiendo entre amigos y colaboradores.

Info.IT
 Informe de Pilar Reinoso, desde Roma

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