CIUDAD DEL VATICANO, Italia.
En la plaza de San Pedro más de cien mil personas participaron en la jornada de ayuno y oración convocada por el papa Francisco, el pasado 7 de septiembre, para pedir la paz en Siria. Diócesis y parroquias en todo el mundo, líderes religiosos, personas de buena voluntad se sumaron a este llamamiento, que también se pudo seguir a través del CTV (Centro Televisivo Vaticano) y varias estaciones televisivas y on line. Una cadena planetaria de paz.
¡Sí, es posible la paz! Es el grito que resuena en la Plaza de San Pedro durante la Vigilia por la Paz celebrada el sábado 7 de septiembre, en la que participaron unas cien mil personas de diferentes confesiones cristianas, otras religiones e incluso no creyentes, de todas las partes del mundo.
Desde las 17,30 y durante la Vigilia, repartidos por toda la columnata y dentro de la misma plaza, más de ochenta sacerdotes confesaban a quienes lo deseaban.
La plaza se fue llenando con personas de todas las edades; sin embargo era tal el silencio que parecería vacía. Cada uno, cada una, que iba entrando a la plaza, se sumaba al rezo, al canto, al pedido del don de la paz, en su propia lengua. El mundo entero se unió a esta vigilia por la paz.
Mientras se ultimaban los preparativos para la gran plegaria, se dio lectura a las palabras del papa Francisco pronunciadas en el rezo del Ángelus del 1 de septiembre, en el que hacía un fuerte llamamiento a la paz, a la no violencia...
Con la llegada del Papa a la Plaza y la posterior entronización del icono de María, Salus Populi Romani, dio inicio la vigilia. En primer lugar el rezo de los misterios de gloria del Rosario. Cada misterio, era introducido con el texto evangélico correspondiente, después se leía una breve oración de Santa Teresita del Niño Jesús a la Virgen; diversas piezas musicales interpretadas con violines, violoncelo y arpa acompañaban la oración. En cada misterio se pidió a “la Señora de la Paz”, “que este don que es de todos llegue a todos los pueblos y a todos los corazones. ¡No más guerras!, ¡Estalle la paz!, ¡Sí a la cultura del diálogo, a la reconciliación, al perdón!”.
Al finalizar el rezo del Rosario, el Santo Padre dirigió una bella reflexión sobre el deseo de armonía y de paz de todo ser humano. “Toda la creación forma un conjunto armonioso, bueno, pero sobre todo los seres humanos, hechos a imagen y semejanza de Dios, forman una sola familia, en la que las relaciones están marcadas por una fraternidad real y no sólo de palabra: el otro y la otra son el hermano y la hermana que hemos de amar, y la relación con Dios, que es amor, fidelidad, bondad, se refleja en todas las relaciones humanas y confiere armonía a toda la creación. El mundo de Dios es un mundo en el que todos se sienten responsables de todos, del bien de todos”, expresó el papa Francisco. En otro pasaje de su mensaje dijo: “Cuando el hombre piensa sólo en sí mismo, en sus propios intereses y se pone en el centro, cuando se deja fascinar por los ídolos del dominio y del poder, cuando se pone en el lugar de Dios, entonces alteran todas las relaciones, arruina todo; y abre la puerta a la violencia, a la indiferencia, al enfrentamiento”, dijo.
Las palabras del Pontífice fueron interrumpidas en distintos momentos por aplausos. Entre sus intenciones para la convocatoria expresó: “Quisiera pedir al Señor, esta noche, que nosotros cristianos y los hermanos de las otras religiones, todos los hombres y mujeres de buena voluntad gritasen con fuerza: ¡La violencia y la guerra nunca son el camino para la paz! Que cada uno mire dentro de su propia conciencia y escuche la palabra que dice: Sal de tus intereses que atrofian tu corazón, supera la indiferencia hacia el otro que hace insensible tu corazón, vence tus razones de muerte y ábrete al diálogo, a la reconciliación; mira el dolor de tu hermano -pienso en los niños, solamente en ellos…-, mira el dolor de tu hermano, y no añadas más dolor, detén tu mano, reconstruye la armonía que se ha roto; y esto no con la confrontación, sino con el encuentro”.
A continuación dio comienzo una larga y recogida adoración a Jesús eucaristía. Momento especial. Muchos de los participantes se arrodillaron y así permanecieron durante toda la adoración, otros en pie, algunos siguieron la oración sentados, pero todos oraban, pedían, deseaban, la paz. La paz en Siria, y en todos los rincones del mundo.
El silencio en la plaza era sobrecogedor, hablaba por sí mismo. El silencio y la oración personal eran alternados por la lectura de textos bíblicos y por oraciones de los últimos pontífices sobre la paz. Representantes de Siria, Egipto, Tierra Santa, Rusia y Estados Unidos, hicieron en cinco momentos una ofrenda de incienso como pidiendo que el fuego y el aroma “subieran” hasta el Altísimo junto al grito de paz.
Te Deum, himno de confianza en el Dios que quiere la paz y que aborrece la guerra y la violencia. El Papa impartió la bendición eucarística. Al final, agradeció la participación en la oración, despidió a la multitud que aplaudía como sellando la experiencia, y pidió continuar rezando por la paz.
Concluían cuatro horas de oración profunda, armoniosa, clamorosa por la paz. La multitud se fue desconcentrando sin romper la actitud de recogimiento por lo vivido. Algunos compartían impresiones. Entre ellos un grupo de jóvenes comentaban entre sí: “¿Te has fijado en la cara del Papa? Es un rostro que refleja que no tiene miedo a la guerra sino confianza en la paz”.
Ese clima de confianza es el que se ha respirado en la plaza de San Pedro. “No es miedo a la guerra. Confiamos en que la paz es posible”.
Grupos de la Institución Teresiana en Roma participaron en la Vigilia. Otros lo hicieron en sus parroquias, diócesis, o centros de la IT.
Info.IT
Desde Roma, Pilar Reinoso



