GINEBRA, Suiza.
Del 2 al 27 de marzo se ha celebrado la sesión número 28 del Consejo de Derechos Humanos (Human Rights Council- HRC). Berta Marco, como representante de la Institución Teresiana ante ese organismo de Naciones Unidas, ONU, comparte su visión sobre lo desarrollado.
Una ligera niebla ha ocultado estos días los perfiles nevados de los Alpes, pero frente al edificio de Naciones Unidas, conocido localmente por Nations, ha lucido el Lago Lemán en todo su esplendor, un agua transparente donde mirarse y reencontrase después de oír los impresionantes relatos de las violaciones a los derechos humanos.
Un extenso programa
Del 2 al 27 de marzo se celebra este año la sesión número 28 del Consejo de Derechos Humanos (Human Rights Council- HRC) con un intenso programa en el que se han ido combinando temas diversos: Paneles de alto nivel sobre los temas de DDHH que entran en la corriente principal; un día completo dedicado al debate sobre cambio climático; derechos de los niños; la situación en lugares de conflicto: Irán, Siria, Eritrea, Myanmar, Palestina; un gran número de temas referidos a las minorías de todo tipo: culturales, religiosas, étcnicas, lingüísticas, etc., que han sido objeto de debates de carácter general. Y parte del Examen Periódico Universal (Universal Periodical Review). En el conjunto de la actividad que se ha ido desarrollando, tanto en lo relativo al programa general, como por parte de las ONGs, estos “minority issues” han estado muy presentes. Ha sido el clamor de las minorías. En relación a ellas se ha dicho repetidamente que hay que aprender del pasado, leyendo la historia para no repetir errores. Jane Connors (OHCHR) ha afirmado que “A pesar de los esfuerzos, la discriminación de raza y la xenofobia persisten en todos los países”. Y también: “Se ha constatado un crecimiento en la violencia contra grupos étnicos o grupos religiosos” (Flavia Pansieri, OHCHR).
Perfiles que se destacan, minorías que reclaman derechos
El discurso inagural del nuevo jefe del Alto Comisariado para los DDHH (OHCHR), el jordano Zeid Ra’ad Al Hussein, ofreció un análisis claro y comprometido: La mayoría de los abusos de los derechos humanos en el mundo comparten dos características: privación y discriminación, se trate de raza o etnia, género, creencias, orientación sexual, casta o clase… Esas violaciones -afirmó- responden a políticas que limitan la libertad y la participación y crean obstáculos para compartir los recursos y las oportunidades. Finalmente urgió a los Estados a que asuman su responsabilidad en la construcción de los DDHH más elementales como una responsabilidad inalienable.
Las grandes heridas del momento
Entre los platos fuertes que han entrado días atrás en la sala de la Alianza de Civilizaciones (Sala XX) están las realidades de Irán y Siria, precedidos de Informes llevados a cabo por funcionarios del Alto Comisariado que han realizado misiones específicas en esos países, recorriéndolos paso a paso.
Lo que está sucediendo en Iraq, en violaciones perpetradas, de un lado, por el llamado Estado Islámico (ISIL), y, de otro, por las partes en conflicto, constatado en múltiples entrevistas realizadas a sus poblaciones concretas, se ha calificado claramente de crímenes de guerra, genocidio y de crímenes contra la humanidad, con especial incidencia en ataques a grupos religiosos o étnicos, violencia sexual o de género, reclutamiento de niños, uso de armas no permitidas, etc., así como torturas, encarcelamientos injustos, etc. En el caso de Siria, aparte de problemas similares a los anteriores, preocupan especialmente la indefensión de la sociedad civil por parte del Estado, el número ingente de refugiados, las familias destrozadas, el abandono de las mujeres objeto de violencia sexual y de género y, sobre todo, los niños. Algunas ONGs en los días pasados han planteado en informes orales o escritos, el futuro de niños sin familia y sin escuela, abocados a convertirse irremisiblemente en niños de la calle.
La sociedad civil, un activo en la ONU
En los últimos meses, tanto el Secretario General, Sr. Ban Ki-moon, como los nuevos responsables que han ido asumiendo roles de liderazgo en la ONU (ECOSOC, Alto Comisariado para los DDHH…), han repetido su voluntad de contar cada vez más con la sociedad civil. Y se han abierto numerosos foros para acoger iniciativas, propuestas, espacios en los que verter opiniones, etc. El papel de las ONGs con estatus no es de protagonismo individual sino de hacer con otros, unir fuerzas, apoyar en una determinada dirección, sensibilizarse mutuamente hacia, aproximar visiones de contexto, aunar voluntades y atreverse a alzar la voz… Durante las sesiones del Consejo de Derechos Humanos (estamos en la 28), se despliega una gran actividad. Los temas que en esta 28 sesión han concentrado más atención por parte de las ONGs han sido: los derechos de las mujeres, la violencia contra ellas de múltiples formas, el combate del racismo y la discriminación globales (con múltiples rostros según lugares), la intolerancia religiosa, la persecución de comunidades cristianas en concreto, la posible islamofobia de occidente ante la invasión del llamado estado islámico y los derechos de los niños.
En el tema de las mujeres se ha resaltado cómo un modo de evitar su influencia y relevancia social en algunos países consiste en minar desde abajo, impidiendo su acceso a los más básicos niveles de educación. Y, paralelamente, comprometer en matrimonio a niñas en edades muy tempranas.
Por unos días no se ha hablado de los objetivos de la etapa Post-15, que está ya en su fase final, porque eso es el futuro; el acento se ha concentrado en los retos del presente.
Berta Marco, desde Ginebra.



